Wednesday, October 31, 2007

Capítulo 10

(Pongo seguidos los tres últimos capítulos. Espero que os guste)

10

No sé si son celos o qué, pero ahora mi ex mujer me mira con más odio que nunca. Pero realmente me importa un carajo. Lo único que me importa ahora es Amanda. Joder, hemos empezado algo, ¿no? Lo normal sería que volviéramos a quedar y… no sé… terminarlo.

La cosa es que es ella la que tiene mi teléfono. Yo no sé como encontrarla. No sé todavía ni su piso. No puedo volver a lo de antes, no puedo retroceder, no puedo volver a tener que esperarla en el portal… Tengo que encontrar la manera de contactar con ella.

- Así que te la hiciste, ¿eh, cabrón?

- No, no, estaba mi hijo, sólo… nos besamos y tal.

- Jajaja, y tal dice…. Pero mírate, pareces una cría de 15 años.

Julián se descojona de mi manera de contarle lo de Amanda, pero ¿qué esperaba? Es la mujer de mis sueños. También es verdad que a él nunca le había hablado de ella. Coño, ¿qué le iba a decir? ‘pues sí, ya hace un tiempo que ando obsesionado con una tía a la que no conozco ni quiere verme’. Pero ahora, ahora he triunfado.

- Y bueno, yo le di mi teléfono y el caso es que aún no me ha llamado y…

- Uy, malo.

- Joder, sólo fue hace un par de días o…

- Da igual, nunca le tienes que dar tu teléfono a una mujer - le miro extrañado - bueno, si quieres sí, pero sobretodo tienes que asegurarte de que ella te de el suyo.

- No estaba en situación…

- Mira, las tías son así. Dicen que los tiempos han cambiado pero son de la vieja usanza. Ellas no llaman. Y esto es así.

- Anda, no digas tonterías. La vieja usanza…

- Que sí, joder.

Quedamos callados. ¿Realmente es así? ¿Y si no llama por orgullo? ¿Orgullo? Si me llama lo último que pensaría es que es una arrastrada. Por Dios, ¡estoy que me muero por esa puta llamada! Lo que dice Julián es una completa gilipollez. No tiene ni puta idea, su matrimonio también fracasó.

- Sé que estás pensando que lo que te he dicho es una completa gilipollez. Pero creeme, no puedes arriesgarte. Tienes que hacerte con su número.

- Eres un capullo, ¿cómo coño quieres que haga eso?

- Mi sobrina.

- ¿Qué? ¿Tu sobrina de ocho años va a conseguirme su teléfono?

- Imbécil. Puedo llamar a tu mujer para pedirle el número de Amanda para que cuide de mi sobrina. Es menos sospechoso que lo hagas tú.

El cabrón ha visto muchas películas, pero la verdad es que tiene razón. No es mal plan. Al fin y al cabo… algo tengo que hacer, no voy a dejar de quedar con ella… Hostia, seguro que perdió mi número. Seguro. Tendría que haberme llamado ya, y no lo ha hecho porque perdió mi número. Pues ya esta, Julián me lo consigue y la llamo yo. Fijo que se alegra. Además encontrará muy romántico que me haya preocupado por buscarlo. La tengo en el bote.

Son las tres de la mañana y es el tercer día que no puedo dormir. Mañana es lunes y Amanda no me llamó en todo el fin de semana. Ahora sí que estoy seguro que perdió mi número. Lo debió perder el mismo día que se lo di. Lo normal sería que me hubiera llamado el viernes o el sábado. Son días que seguro no voy a estar con Quique. Y… bueno, ya se sabe, las citas salen mejor en fin de semana.

Debería dejar de darle vueltas a la puta cabeza. Perdió mi número y punto. Vale. Ya esta. Intenta dormir Fredi. Uf… pero es que no es eso lo que no me deja dormir es… la emoción… es… joder, me ha besado, hemos… coño, llevo soñando con esto mucho tiempo…

- ¡Me cago en la puta!

Me he quedado dormido, ¡joder! ¿A qué hora me debí dormir anoche? Estoy seguro de que vi las seis de la mañana…

- ¿Sí?

- Julián.

- Ei, ¿qué tal Alfredito?

- Me he dormido tío.

- ¿Qué?

- Que me acabo de despertar. ¿Tienes el teléfono de Amanda ya?

- Un momento, un momento, ¿me quieres decir que te acabas de despertar ahora? ¿A las doce de la tarde?

- Aún es por la mañana.

- No, es mediodía.

- Bueno, que da igual, lo de Amanda.

- ¿El teléfono? Pues no lo tengo, no. Pensaba pasar a buscarte por el trabajo para ir a comer algo por ahí y llamar delante de ti. Menos mal que me llamaste a tiempo…

- Ah, pues ven a mi casa cuando salgas.

- Fredi, a Márquez no le gusta nada las ausencias injustificadas.

- Tú ven a mi casa.

Colgué. A ver si va a ser ahora mi madre.

Julián no tardó nada en venir. Acabo de abrirle la puerta y me da un papel.

- ¿Y esto?

- Joder, el número de Amanda, pesao.

- Hostia, gracias. Pero ¿no ibas a llamar aquí?

- Me aburría por el camino. ¿Qué me has hecho para comer, cariño?

El cabrón me ha sableado media nevera.

Bueno, a ver. Son las cuatro. Me queda una hora para llamar a Amanda, quedar con ella y pensarme una buena excusa por la que no he ido esta mañana a trabajar. ¿Por dónde empiezo?

- Eh… Hola… ¿Amanda?

- Sí.

- Soy yo.

- …

- Fredi, el padre de Quique.

- Ah, hola Fredi, ¿cómo estás?

- Bien, bien… ¿y tú?

- Bien también.

- Bien… oye, que… bueno, como no me llamabas, pues… decidí hacerlo yo, jeje… - Dios… soy retrasado.

- Oh…

- Pensé que quizá habías perdido mi número y bueno…

- ¿Te di yo el mío?

- ¿Eh? No, no, me lo tuve que currar para conseguirlo - Ahora que me he oído esto no sé si quedó romántico o desesperado.

- Vaya… pues sí, menos mal, porque yo perdí el tuyo, sí.

- Lo sabía, ¿ves? Si es que tendría que haberlo conseguido antes… ¿Te parece que quedemos esta noche?

- ¿Hoy? Que va, imposible.

- ¿No?

- Tengo cosas que hacer.

- Bueno, quizá pueda… no sé, acompañarte o algo.

- Que va, son cosas de trabajo.

- ¿Vas a quedarte con mi hijo?

- No, no. Organizo espectáculos, en un bar.

- ¿En el ART?

- ¿Perdona?

- Me dijeron… mi mujer me dijo que actuabas en el ART.

- No actúo, organizo los espectáculos. De hecho ahora mismo tengo que irme para allá, esta noche hay mucho trabajo.

Y ya está. Colgó. Colgó sin más. Sin decir nada más. Puedo volver a llamar y decirle que podría ir. Seguro que le hace ilusión. Se le veía nerviosa, seguro que lo de hoy es importante. Lo que voy a hacer es ir y darle una sorpresa. Sí, eso haré, duchita y me voy al ART.

Son casi las 7 y aquí no hay ni Dios. Ni rastro de Amanda. Ni siquiera esta el rubio gilipollas. ¿Esta tía me esta tomando el pelo o qué? Porque me dijo que venía ya para aquí… ¿no? Ay joder, y yo sin ir al trabajo…

Debería llamarla. Aunque no he quedado con ella, no puedo reprocharle nada… Pero quería darle una sorpresa.

- ¿Si?

- Amanda, hola, soy Fredi otra vez, siento ser tan pesado, pero es que quería darte una sorpresa y me pasé por el ART, pero llevo aquí ya un rato y…

- ¿Estás en el ART?

- Sí.

- Vaya, Fredi, lo siento, al final no era allí el trabajo.

- Ah, y ¿dónde estás?

- En otro bar… oye, tengo que dejarte, tengo cosas que hacer.

- ¡Espera! ¿Cuándo podremos quedar?

- Yo te llamo.

Y colgó. Otra vez. En cosa de cuatro horas me ha colgado dos veces. Seca. Sin darme tiempo a decir nada más. Rápida. Sin que pudiera decir una última palabra. Dura.

¿Le pasará algo? ¿El qué? ¿Por qué esta brusquedad? No sé, a lo mejor sólo me estoy emparanoyando y la pobre está realmente estresada por el trabajo… Aunque es difícil de creer que esos monologuchos del rubiales sean muy difíciles de preparar… O quién sabe, quizá esté haciendo otra cosa… preparando un ascenso… Yo qué sé.

Son muchas las horas que llevo pensando en esto… No entiendo a las mujeres. Ni a las personas. ¿Qué puede llevar a alguien a tener un cambio tan brusco de carácter? De la forma en la que tratar a la gente. De la forma en la que tratarme a mí. No puede ser que de repente, de un día para otro todo sea tan diferente. No puede pasar de los besos y las caricias a las malas contestaciones y al no querer verme.

Me gustaría saber qué es lo que piensa, qué hay dentro de su cabeza. Me gustaría que hubiera una ventanita en la frente de cada persona para poder abrirla y mirar dentro. Ver los sentimientos, los pensamientos, los miedos. Encontrar los porqués y las soluciones. ¿Por qué somos incapaces de comunicarnos de una manera… clara?

Otra noche más. Otra noche más en vela pensando en Amanda. Otra mañana más. Otra mañana más que me duermo y no voy al trabajo. Además me desperté ahora… cerca de la una, por el móvil. Número privado, quizá sea ella.

- ¿Amanda?

- No, lo siento Señor Carrillo. Soy Miguel Márquez. Su jefe - Joder, no contaba con esto… de lo único que soy capaz ahora es de cerrar los ojos, llevarme la mano a la cabeza y morderme el labio. No tengo ni una puta excusa - Me preguntaba por qué lleva un par de días sin venir a trabajar.

- Pu… pues verá Señor Márquez… verá… la cosa es que he estado… - de viaje, de funeral, de boda, de aniversario, de cumpleaños, de comunión… poco premeditado - enfermo, y todavía no me encuentro muy bien.

- Ah ¿de veras? ¿Y qué le pasa? - he de reconocer que prefería cuando me tuteaba…

- Nada, es un catarro, pero me dio fuerte - Puta tos falsa de mierda que me está saliendo…

- Ya. Pues espero que ya esté recuperándose.

Otra de esas colgaditas que tanto me dan últimamente. Vamos, que no coló. Pero las otras opciones eran peores… ¿no?

A la mierda. Ya vale Fredi, joder, céntrate, esta tarde vas a trabajar y punto. Coño, tengo 40 años. Tengo putas responsabilidades. No puedo ir detrás de una tía como si fuera un adolescente en celo.

Dios, otra vez el teléfono. Quizá Márquez me quiere dar otra oportunidad…

- Verá Señor Márquez, siento lo de antes pero…

- ¿Fredi?

Esa voz que me ha interrumpido no es la de Márquez. Es…

- ¿Amanda?

- Hola.

- Vaya… hola… qué… ¿qué tal? - ¿Vuelvo a tartamudear?

- Bien. ¿Te apetece quedar?

Definitivamente, es imposible entender a las mujeres.

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Capítulo 11

11

Primero mi jefe para que fuera a trabajar y ahora Amanda para quedar con ella. ¿Qué le pasa al mundo? ¿O sólo soy yo? ¿O el mundo que me rodea? El puto mundo que me rodea… ¿Estoy en una espiral sin salida o simplemente son un jodido gafe? ¿Qué hago ahora? Quedar con la mujer de mi vida o ir a trabajar para evitar mi despido. No puedo dejar pasar esta oportunidad, Amanda me ha llamado a mí. Ahora es ella la que está interesada. No puedo decirle que no… ¿y si piensa que no me interesa? Aunque bueno, ella ayer me dio plantón por su trabajo, quizá comprenda que haga yo lo mismo…

- Me encantaría Amanda… pero tengo trabajo…

- ¿Por la tarde?

- Sí.

- No te preocupes, podemos quedar por la noche - Joder, ¿es cojonuda o no? - Conozco un sitio - Seguro que me quiere llevar a algún nuevo restaurante dónde hagan cocina exótica - Tu casa.

Vaya, eso… está mejor. Acepté entre balbuceos. No sé, a ella se le ve tan segura, tan dispuesta, tan… tranquila. Para mí esto es mucho más que una cita. Es una cita con Amanda. Y por la noche… en mi casa… visto lo que pasó la semana pasada hoy… hoy toca.

Me iba a acostar con ella. Está claro. Ya somos mayorcitos, no creo que quiera venir a mi casa para cenar y ver una película. Además, es muy directa. Quiere sexo. Y quiere buen sexo. Aquí es donde tenemos el problema, Fredi, ¿te portarás? Joder… hace ni me acuerdo que no tengo sexo. Seguro que la cago. Los nervios. La emoción. Seguro que quedo como un gilipollas. Es demasiada presión… tengo… necesito… calma.

- Julián, tengo un problema.

- Y tanto que tienes un problema - su voz detrás del teléfono parecía cabreada, ¿por qué? - Te han despedido.

Solo pude guardar un largo silencio. ¿Despedido? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? Y lo más importante, ¿Por qué lo sabía Julián y yo no?

- Me he encontrado con Miguel esta mañana y me lo ha dicho. Que había hablado contigo y no le habías puesto ningún interés. Como si te importara tres cojones ir a trabajar o no.

- ¿Qué? ¡No! Pero joder… a ver, llevo unos días regular y…

- Fredi, él te cogió porque eras amigo mío. Pero tenía a otro tipo más cualificado para el puesto, y vio que no le había merecido la pena contratarte. Así que llamó al otro.

- ¡Pero si solo he faltado dos días!

- Te dije como era, Fredi, te lo dije. Y aún con todo, hoy tampoco fuiste.

- Mira tío, lo único que necesito ahora es que me des el sermón.

- Lo siento, no quería dártelo. Pero es lo que me dijo. Intenté que rectificara. Pero el tío es muy serio y no se anda con gilipolleces en su empresa.

- Hijo de puta…

- Lo siento, Fredi.

- ¿Y piensa decírmelo? Porque hoy supuestamente tengo que ir a trabajar, por la tarde. ¿Tengo que ir o no?

- Me dijo que te llamaría.

- ¿Pues sabes qué? Por mí que no llame. No voy a ir esta tarde, ¿para qué? Si me va a despedir. Y tampoco quiero oír la mierda de “estás despedido” Porque ya lo he oído más veces. Así que si lo vuelves a ver, dile que no me llame. Que entendido.

Le cuelgo. Lo siento por Julián. No tiene la culpa y le he gritado. Pero es que… ¿De qué cojones va ese puto Márquez? Joder, va de amiguito y es un grandísimo hijo de puta. Coño, que sólo falté dos días, joder. ¿Y si llego a estar malo de verdad, qué? Madre mía… ¿Es eso denunciable? Podría preguntárselo a mi hermano… quizá pueda denunciarlo… Voy a volver a llamar a Julián.

- Oye, siento haberte gritado, tú no tienes la culpa.

- Tranquilo, es normal que reacciones así. Lo que me parece raro es que no te haya llamado él aún.

- Bueno, como ya te dije, que no lo haga.

- Hombre, digo yo que tendrá que hacerlo…

- ¿Es denunciable?

- ¿Qué?

- Que a lo mejor puedo denunciarle por despido improcedente.

- Fredi… no te metas en más barullos.

- Coño, necesito un trabajo. Bueno, da igual, hablaré con mi hermano. Te llamaba para pedirte perdón - y sobre Amanda, que le jodan al trabajo, es la única que importa ahora - ¿podemos cambiar de tema?

- Claro.

- Pues centrémonos en Amanda.

- ¿Qué le pasa?

- Quiere quedar conmigo esta noche.

- Oh muchacho, eso suena muy bien.

Estuve hablando largo y tendido con Julián de nuestra época de tirarnos a todo lo que se meneaba y de cómo rememorarla esta noche con Amanda. No tengo porque estar tan nervioso. Lo haré bien. Lo hacía bien.

Por cierto, es casi la hora de entrar al curro por la tarde y aún no sé nada de mi jefe, claro que sí. A menos cinco sonó el teléfono.

- Hola Carrillo, ¿piensas venir a trabajar esta tarde?

- Pues mire Señor Márquez, creo que no. - iba a esperar a ver qué decía, pero decidí que no tenía tiempo - Ya me informó Julián de mi despido.

- ¿Julián?

- Sí. Muy ético por su parte dejar que me enterara así

Y cuelgo. Hoy soy yo el que cuelga.

Una vez acabado el trabajo me centré en Amanda. Quedan menos de diez minutos para que llegue y yo ya llevo más de una hora esperando. Hoy decidí ponerme algo más informal y cómodo, unos vaqueros y una camiseta negra que solía llevar en mis buenos tiempos. Aún me sienta bien. Aunque lo bueno sería que no nos durara mucho la ropa puesta…

De cenar pues… tuve que pedirla, ¿qué iba a hacer, joder? Ni sé cocinar ni tengo comida aquí. Tampoco voy a decirle que lo he hecho yo. Es lo que se suele hacer en estos casos, ¿no? Pedir la comida a domicilio. No creo que espere que cocine yo… ¿o sí? Ay dios mío, no voy a dejar de darle vueltas a la puta cabeza hasta que no se despierte mañana conmigo.

Por fin el timbre. Me pongo en pie de un salto. Me arreglo. Carraspeo. Me miro al espejo de la entrada. Respiro un par de veces. Pongo una de mis mejores sonrisas y abro.

- Hola, Amanda.

Ella me sonrío. Estaba impresionante. Vestido azul oscuro por la rodilla. Media manga y con un hombro al descubierto. Traía una botella de vino.

- Traigo vino, del… 97.

- Seguro que es excelente.

¿Excelente? ¿Cuándo había dicho yo esa palabra? ¿Estaba intentando ser refinado sin darme cuenta? Pues ya puedo parar porque no creo que me salga bien…

Le estoy explicando un poco qué hay de cenar. Ella no está tan cariñosa como la otra vez, no sé, quizá esté nerviosa también. ¿Estaría borracha la otra vez? La verdad es que no lo parecía. Y hoy estuvo muy interesada en quedar. Vamos, Fredi, deja de rayarte. Está contigo. Está en tu casa. Con que céntrate en ella.

- Bueno, pues cuando quieras empezamos.

Ella asintió y se sentó en la silla. Francamente hubiera preferido que se hubiera lanzado sobre mí en vez de sobre la comida. Pero era mucho pedir.

La cena trascurrió bien. Charlamos, reímos, bebimos… Al acabar de cenar yo no sabía cómo continuar. Pero ella parece que lo tiene muy claro…

- ¿Vemos una película? He traído un DVD.

¿Película? ¿Cómo que película? ¿Para qué? Si quería ver una película hubiera quedado mejor una cita en plan restaurante y cine… ¿Para ver una película quería venir a mi casa? Además, no tengo DVD.

- Bueno… es que no tengo DVD.

- ¿No? Vaya… - debe pensar que soy un jodido pringado sin un maldito reproductor de DVD - ¿Ni ordenador?

Niego con la cabeza. Me mira con desilusión. ¿La beso ya? ¿Va a hacerlo ella? Joder… voy a servirme otra copa. Le pongo otra a ella. A ver si se pone contentilla…

- Me apetecía ver una película… - Joder con la peliculita…

- Bueno… tengo video.

- ¿Si? ¿Y algo para ver?

- Pues a ver - No sé ni lo que tengo, voy a revisar - Pues… un par de videos de fútbol, otros tantos de los Monty Python… Tres películas de dibujos de Quique… A ver por aquí detrás… Anda mira, aquí tengo un par de películas: Seven y Pulp Fiction, me las regaló Julián el año pasado.

- Vi Seven, pero la otra no.

- ¿No has visto Pulp Fiction?

- Hace tiempo que quiero verla.

Y tanto tiempo… Mi primera reacción fue de sorpresa, pero estoy pensando que puede estar bien. Tendremos mucho tiempo para hacer de todo. Y enseñar buenas películas es algo que se me da bien.

Cuando Vincent y Jules comenzaron a hablar sobre lo que no había que hacerle a la mujer de Marcelus Wallace, supe por dónde iba a empezar nuestra noche…

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Capítulo 12 (Último)

12

Acabo de despertar. Sin alarmas, sin agobios, sin prisas y con una increíble sensación de bienestar. Ella está aquí, a mi lado. Acabo de despertar en mi cama con Amanda al lado y me doy cuenta que sólo habíamos dormido y que me da igual. Exacto, no habíamos hecho nada. Sólo dormir. Dormir juntos. Al acabar la película quedó tan fascinada que estuvimos hablando un rato de ella. Luego le entró el sueño, me dijo que por las copas de vino. Así que le dejé una camiseta y la acosté. Fui al baño y cuando volví ya se había dormido. Así que me eché a su lado, la abracé e intenté dormir. Me costó muchísimo, prefería mirar su forma de respirar, la manera en que su pelo había quedado sobre la almohada y lo bien que le quedaba mi camiseta de Led Zeppelin.

La verdad es que cuando fui al baño anoche tenía totalmente claro que lo íbamos a hacer. Estuve pensando y pensando. Había llegado el momento y estaba encantado. Es una manera fina de describir que estaba salidísimo y bueno… eso, con muchas ganas. Pero al volver y verla durmiendo se me pasó. Hostia, realmente estoy enamorado. Mira la de tiempo que llevo sin estar con una mujer, pero no me importó. Sé que habrá más ocasiones, y que esto puede llegar a ser algo de verdad. Algo que realmente valga la pena. Algo que no acabe en divorcio.

Y ahora mírala, sigue dormida. Preciosa. Bueno… ahora que pienso… quizá pasé ahora. En fin, yo ya no tengo trabajo. No tengo nada que hacer. Y ella parece que tampoco. Y bueno… siempre sienta bien un polvo matutino. Parece que se despierta…

- Buenos días, Amanda.

- Hola…

- ¿Qué tal has dormido?

- Muy bien. ¿Qué hora es?

- A ver… ¡coño! Pero si sólo son las nueve menos cuarto… Joder, pensé que era mucho más tarde… Puedes dormir más si quieres.

- ¿No tienes que ir a trabajar?

- No, no… - ¿Sin DVD y sin trabajo? Ni hablar - Hoy… hoy no, me lo dieron libre.

- Ah… - aún está medio dormida. Qué mona.

- ¿Y tú?

- Más tarde.

Volvió a cerrar los ojos. Pero yo sé que no va a volver a dormirse. Por lo menos yo no puedo. Joder, para un día que no tengo que madrugar me despierto sin querer a la hora. Putas ironías de la vida. Estoy pensando que lo de montárnoslo ahora tiene cada vez más sentido…

- Oye… me lo pasé muy bien anoche - buena frase para empezar, acompañada de caricia.

- Y yo… Me alegro de haber venido.

- Sí, yo también. Muchísimo. De verdad, hace mucho que no estaba tan bien con alguien…

Nos miramos fijamente. Hay un nada incómodo silencio. Yo la acaricio. Ella me mira. Silencio. Sólo se oye nuestras respiraciones y el ruido del ascensor, que en ese momento se movió y fue como un detonante para que Amanda se lanzara. Se me echó encima apasionadamente con un acojonante beso. No sé cómo reaccionar. Sabía que esto iba a pasar, pero ahora que está pasando… No me lo creo. Comienza a quitarme la camisa. Yo voy a quitarle la de los Zeppelin, por muy bien que le quede. Es el momento. El puto momento en el que suena el timbre.

- Están llamando a tu puerta - dice entre susurros, gemidos y besos.

- Ya pararán.

Ahora voy a abrir la puerta, no te jode. Otro timbrazo. Otro. El cuarto ya es muy largo. Y el quinto infinito.

- Yo así no puedo.

- ¡Joder!

Me levanto con una mala hostia del copón. ¿Quién cojones está estropeando el mejor momento de mi vida? Abro. ¡Me cago en la puta! Pues quién coño iba a ser. La zorra que lleva jodiéndome la vida más de medio año.

- ¿Qué coño haces durmiendo aún? ¿No tienes trabajo?

- ¿Y a ti qué cojones te importa, Victoria?

Me mira con asco y desconcierto. De arriba a bajo. Y se detiene en la zona. En dónde comenzó mi amor por Amanda. Y en donde estaba a punto de continuar. Y me miró con más asco.

- ¿Has tenido algún tipo de sueño raro o es que te estabas tocando?

En ese momento aparece Amanda por mi espalda. En cuanto Victoria la vio le cambió totalmente la cara. No sabría describir exactamente qué tipo de expresión es la que había en su rostro, pero desde luego no era de felicidad. No sabe ni qué decir. Yo creo que no sabe si gritarme, pegarme o largarse. Pero después de la charlita del otro día creo lo que va a hacer es gritarme. Este sí que es un silencio incómodo.

- ¿Sabías que iba a venir, verdad puta?

- Pues no, ¿lo sabías tú cuando te tiraste a Diego? - la voz de Amanda sonó rara… amenazante, con odio. Una faceta que no le conocía.

Un momento, un momento. Necesito que se pare un momento el tiempo para analizar esta situación. ¿Puta? ¿Diego? ¿Qué… qué mierda es este rollo? Las miro a las dos esperando una explicación. No sé ni lo que hacer. Las dos se miran con odio. Victoria parece que vaya a saltar en su ataque, y Amanda tiene un gesto airado, de chulería y amenaza. Nunca la había visto así y no sé si me gusta. Siguen mirándose con odio y yo no tengo ni puta idea de lo que está pasando aquí.

- ¿Qué cojones estáis diciendo?

- Vamos Amanda, cuéntale. Cuéntale a mi ex marido por qué estás en su cama. Cuéntale al ingenuo de mi ex marido por qué coño estás precisamente hoy en su cama.

Cada vez me está gustando menos esta situación. Miro a Amanda pidiendo una explicación, pero… quizá no la necesite… no, no, esto se lo tiene que estar inventando mi ex mujer, para que dude de Amanda. No puede soportar que estemos juntos porque no puede soportar que sea feliz.

- Mira Victoria, estoy hasta los cojones de tus gilipolleces. Siento mucho que me odies y que intentes joderme por todos los medios, pero esto no tiene nada que ver contigo. Así que vete a tomar por culo.

- Pero qué ingenuo eres, Fredi. Qué ingenuo y que subnormal. ¿Realmente crees que esta mujer te quiere? ¿Realmente crees que esta mujer quiere estar en tu cama?

- Pues lo está.

- ¿A sí? ¿Y crees que es por amor, eh, Amanda? ¿Es por amor?

- Cállate - Amanda sigue con el mismo tono odio-amenaza.

- Cuéntaselo, joder, cuéntale cómo tú pasaste por esto.

Amanda está pasando del estado de superioridad al de nerviosismo y debilidad. Si realmente tiene que confesar algo, a Victoria no se le va a escapar.

- Venga, Amanda. Cuéntale como estás con él sólo para vengarte de mí.

- ¿Vengarte de ella? - ahora sí que intervengo yo - Di algo Amanda, por dios…

- ¡La zorra de tu ex mujer se tiró a mi marido! - No. No me lo puedo creer - Lo siento Fredi…

Al verme de repente envuelto en un rollo venganza entre mujeres se me vino todo encima. No sé si estoy a punto de desmayarme, echarme a reír, a llorar o matarlas a las dos. Me siento lentamente en una silla. Ellas se ponen a explicármelo entre gritos, insultos, amenazas y demás lindezas con las que se obsequian. Pero a mí no me importa. No quiero oír más. No quiero saber que el tío con el que me engañó mi ex se llama Diego. No quiero oír que Diego era el marido de Amanda. No quiero oír que Amanda les pilló poco después que yo. No quiero oír que Amanda sabía que esta mañana Victoria iba a venir a traerme a Quique y quería que nos pillara. No quiero oír que Amanda sólo me ha utilizado para que pasara por lo mismo. No quiero oír como Victoria se ríe de Amanda diciéndole lo poco que le importo. Y no quiero oír el portazo que dio Amanda al salir de mi casa. Con el que supe que jamás volvería a saber de ella.

Mi ex mujer sigue aquí. Está alterada.

- Te dije que no te liaras con ella - ¿Me está compadeciendo? - Lo siento, pero sabía que esto iba a pasar - No tengo ganas de decir nada - Mira, venía a traerte a Quique y al coche, están abajo. Pero ¿sabes? No importa, ya me ocupo yo.

Y se marchó. La primera vez que me deja el coche en más de medio año y tenía que ser justamente hoy. Menos mal que por esa misma razón también fue la primera vez que me hijo no subió hasta aquí y esperó abajo. En el coche. En mi coche. En mi ex coche.

Y yo sigo en esta silla. Con la mirada perdida. Destrozado. Acabo de llevarme el peor palo de mi vida. Me había enamorado y me habían destrozado. Otra vez. Los últimos meses he vivido prácticamente gracias a ella. Pensando en ella. Me quedé sin mujer, sin casa, sin coche, sin trabajo. Sin nada. Pero la tenía a ella. Aunque no la tuviera físicamente, sabía que estaba ahí, que existía. Con eso me valía. Con eso podía despertarme cada mañana. Tenía algo en lo que pensar. Algo por lo que luchar. Y poco a poco fui viendo como estaba más y más cerca. Cómo la iba conociendo, cómo me iba sonriendo, y cómo le iba gustando. Pero era mentira. Era una puta fantasía. No era realidad. Teatro. Sólo se acercó a mí cuando supo quién era. Cuando supo de quién era ex marido.

No me gusta generalizar, pero en este momento no sé ni por qué debería de seguir viviendo. Pero es acojonante el saber lo cabronas que pueden ser las mujeres entre ellas… Incluso más acojonante que pensar que ahora estoy peor que al principio.

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Friday, September 7, 2007

Capítulo 9

9

 

Era ella. Ella. Amanda. En mi puerta. En mi casa. En mi rellano. Con gesto de enfado se apoya en el marco de la puerta. No sé qué hacer… ¿qué hago? ¿qué le digo? Se ha acordado de mí, sabe quién soy y sabe la estupidez que cometí hace no mucho de intentar quedar con ella a través de una jodida nota. ¿Me voy a quedar mucho tiempo más con esta cara de gilipollas?

- ¿Te vas a quedar mucho tiempo más con esa cara de gilipollas?

- Em… am… bueno… yo… ¿qué?

Mierda, mierda, ¿qué cojones estoy haciendo? Joder, ahora que iban las cosas bien va y se acuerda de mí. Es que manda cojones también con las tías…

Sigue con esa mirada. Me mira de arriba a bajo. Yo debo tener la misma cara. No sé qué hostias decirle. Ni siquiera sé ya cuál era la pregunta.

 

Antes de que pueda reaccionar me coge de la camisa, me saca fuera de casa y… ¿me besa? Un momento, ¿me esta besando? ¿Amanda me está besando? No me lo puedo creer. Pero es cierto. Ahora entiendo esa mierda de que los mejores momentos son los que no esperas. Si hubiera quedado con ella hace tiempo… ¿hubiera sido lo mismo? ¿Me hubiera pillado tan desprevenido? ¿Hubiera sido mejor que ahora? Seguro que no. Sin duda este es el mejor beso de mi vida. El tacto de sus labios es más perfecto de lo que imaginé. El roce de su lengua es tan… Dios mío… Estoy en una nube…

- Perdona que pasara de ti de esa manera. Pero tendrás que comprender que no son formas de entrar a una mujer.

Esta nube está tan elevada que ni oye.

- ¿Qué?

- Tenía que conocerte mejor.

- Ah…

- De cerca no estás nada mal.

 

Si la cosa no se está calentando, soy yo solo. Sus palabras empiezan a ser susurros y yo… yo ni siquiera soy capaz de mediar palabra.

Sus manos pasan de acariciarme el pelo a bajar por el pecho. Yo ni siquiera sé donde meterlas. Y como siga bajando… como siga bajando… ay… dios… mío…

¡El puto ascensor! Coño, que oportuno el vecino. Salió del ascensor con zapatillas de ir por casa y nos miró raro. Nosotros nos apartamos ligeramente pero Amanda me seguía tocando. El viejo nos saludó con la cabeza y yo levante la mano con una sonrisa. Una sonrisa de gilipollas, por supuesto, porque aún no sabía qué estaba pasando exactamente. Cuando mi vecino entró en su casa Amanda volvió a la carga con sus susurros terriblemente sensuales.

- ¿Por qué no entramos en tu casa?

- Faltaría más por di… ¡no! No… no, joder. Está mi hijo. Victoria me lo encasquetó sin avisar… va a pasar aquí la noche.

- Vaya…

Dios, Dios, Dios… Amanda me está pidiendo entrar a mi casa. Me está pidiendo entrar a mi casa con susurros. Me está pidiendo entrar a mi casa con su mano en mi… Me está pidiendo entrar a mi casa y no podemos, joder. ¿Por qué no pensé en este tipo de cosas al comprarme un estudio en vez de un piso con dos habitaciones?

- Pero bueno, Quique está durmiendo y no lo despierta ni un huracán, bueno, ya lo sabrás.

- Si… - Me encanta esa nueva sonrisita tímida-cachonda.

- Con que… bueno, eso, puedes entrar si quieres a tomar algo… no sé… podemos charlar en el salón.

- O en el sofá.

Con esa gloriosa frase entró en mi casa.

Si esta escena la hubiese escrito yo, no hubiera quedado mejor.

 

Con que aquí estamos, en el sofá de mi casa. Amanda y yo. Yo y Amanda. La mujer a la que acoso y el perdedor. Tomando unas cervezas. Una cerveza fría que apoyo entre mis piernas para aliviar el… el ambiente.

- Si te digo la verdad esto me ha pillado totalmente de sorpresa. En fin, yo…

- Llevabas un tiempo fijándote en mí.

- Sí… có… ¿Cómo lo sabes?

- La nota…

- Ah, claro, jeje, joder, la nota… - Soy subnormal.

- Tranquilo, no estés nervioso. Sé que no esperabas esto pero… no sé, cuando te vi con Quique vi que no eras un loco persigue-mujeres, sino un tipo que busca que le quieran.

- ¿Tratas así a todos los tipos que buscan que les quieran?

Eso le hizo reír. Me encanta oírla reír. Además de que siempre hay que tener presente la importancia de hacer reír a las mujeres. Victoria se casó conmigo por eso. Yo no sé por qué lo hice con ella. Pensé que había perdido mi vena cómica. Pero… sólo necesitaba a alguien que me quisiera.

 

Pasamos toda la noche hablando, bebiendo y metiéndonos un poco de mano. Fue la noche más increíble de mi vida. Estuve bastante bien. A los cinco minutos ya se me habían pasado los nervios, la vergüenza y el tartamudeo. Hablamos de Quique, de Victoria y de nuestras aficiones. Tenemos algunas cosas en común. Hacía tiempo que no estaba tan bien con una tía. Y sin sexo.

Cuando nos quisimos dar cuenta, nos habíamos quedado dormidos, y el timbre esta sonando como una bocina de barco.

Amanda y yo nos despertamos. Ella se había puesto una de mis camisas y fuimos a abrir la puerta. Ya no me acordaba de Victoria. Cuando abrí y nos vio a los dos se le quedó la misma cara que puse yo cuando abrí a Amanda.

- Pero qué cojones…

- Victoria, no es lo que parece - ¿Por qué dije eso? Quizá porque siempre quise decirlo… Je, me sentí francamente bien.

- ¿Dónde está Quique?

- Está durmiendo, iré a despertarlo.

- No, iré yo. Tú espera aquí - Mira a Amanda con desprecio - Y tú vístete.

Amanda fue a vestirse y yo quedé en la puerta sonriendo mientras asimilaba un poco lo que estaba pasando.

Mi hijo al ver a Amanda se alegró. Se saludaron. El pobre crío no se debió ni enterar de que había dormido aquí.

- Amanda, ¿puedes llevar a Quique al colegio, por favor? Ya que veo que no tienes nada que hacer. Me gustaría hablar con mi ex marido.

- Pero Victoria, no ibas a llevarlo…

- Cállate y siéntate.

- Tranquilo Fredi, ya lo llevo yo. Luego te llamo.

- Ah, luego le llamas, perfecto.

Mi ex cerró la puerta fuertemente detrás de Amanda y mi hijo.

- Pero coño, Victoria, deja que me despida de mi hijo.

Vuelvo a salir de casa. Le dije a Quique que pasara un muy buen día y que muy pronto nos veríamos. A Amanda le di mi teléfono. No lo tenía. A ver cómo me iba a llamar. Espero a que se cierre la puerta del ascensor. Ahora tengo que entrar en casa a soportar el cabreo de mi ex mujer.

 

- ¿Se puede saber en qué coño estabas pensando?

- ¿Qué?

- ¿Cómo que qué? ¿Te parece normal tirarte a la canguro de tu hijo en su presencia?

- Pero Victoria, si no hemos hecho na…

- No quiero saberlo Alfredo.

- ¿Alfredo?

- Sólo quiero que delante del niño te comportes como una persona normal y no como un perro en celo.

- Oye, te repito que no ha pasado nada.

- Me importa una mierda que coño hayáis hecho. Que no vuelva a suceder, joder.

- ¿Estas celosa?

- ¿Celosa? ¿Crees que estoy celosa? Es de tu hijo, de nuestro hijo de quien estamos hablando.

- Ni siquiera se ha enterado de nada.

- Los psiquiatras los vas a pagar tú.

No pude evitar descojonarme.

- ¿Te ríes? ¿Encima te hace gracia?

- Pero Victoria, estás exagerando del copón.

Me miró con una de sus miradas más asesinas. Era la cara que tenía en el juicio de nuestro divorcio. Era la cara con la que ganó mi coche y mi casa. Era la cara con la que la recuerdo siempre. Pero más acentuada.

Se largó sin más. Obsequiándome con uno de sus más ruidosos portazos.

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Wednesday, May 9, 2007

Capítulo 1

1

 

Ayer, rebuscando en un cajón, encontré una moneda de 500 pesetas. Me pregunté si aún lo cambiarían a euros… sólo el hecho de pensar en pasar por el banco me dio asco, así que ni me lo planteé, además, seguro que ya no las cambian…

Mi ex mujer es banquera, sé que su banco no es el de aquí abajo, pero con la suerte que tengo, seguro que cambió de empresa y me la encuentro… Mala zorra, ni siquiera me dejó el coche para ir a casa de mi madre… Vive como a media hora de aquí… Tendré que tomar el metro, no sé si tendré algo suelto, ¡qué gilipollez! Claro que sí, hace como dos semanas que no huelo un billete… Y lo peor de todo es que mañana cumplo los cuarenta.

 

Me separé de la puta de mi ex mujer hace unos 7 meses. Me puso los cuernos. Fue ella. Ella me puso los cuernos. Ella me engaño. Ella metió a otro en MI cama. ¿Por qué fue ella la que se quedó con todo? Sus padres tienen dinero, compraron al mejor abogado de la ciudad, por lo menos. A mí me podría haber defendido mi hermano, pero no le conté que nos íbamos a divorciar, no se lo conté a nadie… Dos meses después se lo tuve que contar a mi madre, ya que nos quería invitar a todos por el cumpleaños del niño.

 

Que esa es otra, mi hijo, casi lo veo menos que al coche. Y eso que al coche lo veo bastante porque mi mujer trabaja cerca de dónde vive la mujer a la que acoso, sé que no esta bien que la llame yo así… además, tampoco la acoso, solo la observo. No sé ni en que piso vive, nunca la vi por la venta… debe dar al patio interior… Pero es que no sé cómo llamarla, no sé su nombre. De momento será la mujer a la que acoso, no sé… lo vi en los Simpson y me hizo gracia…

El otro día hablé con ella. La estuve esperando en el portal como cuatro horas. Al fin bajó, llevaba una falda verde por la rodilla, al bajar las escaleras del portal se le levantaba. Cuando salió del portal ni me miró, tuve que cogerla del brazo. Me miró raro.

No entiendo por qué me miró raro. Llevo más de un mes observándola todos los días, para mí es como si la conociera de siempre. Sé a dónde va cada hora, sé sus movimientos, sus amigos, que por cierto, hay uno que no me gusta nada… Por fin me había atrevido a hablar con ella y lo único que encuentro es una mirada de asco.

- Hola, me llamo Fredi.

La misma mirada acompañada por un movimiento brusco del brazo para deshacerse de mi mano. Se marchó sin mirarme.

No me dio tiempo a reaccionar… Y lo peor es que mañana cumplo los cuarenta.

 

Mi madre me dijo que hoy no fuera a comer. Que ya fui dos veces esta semana y que mañana quiere hacerme una comida especial, que no todos los días se cumplen los cuarenta (y menos mal) y que si también voy hoy no tendrá gracia. Mañana cumplo los cuarenta. Mañana tendré que comer con mi madre y mis dos hermanos. La comida será más o menos así:

- Susana, me he enterado que te ascendieron en el hospital hija, enhorabuena, te lo mereces, has trabajado mucho.

- Bueno mamá, muchas gracias. La verdad es que me ha costado pero… ¡por fin el puesto es mío! - risas, la mía suena forzada - Bueno, y que me dices de Víctor, ganaste el último caso, ¿no?

- Pues sí, es el décimo caso seguido que gano, y en el bufete me van a hacer un homenaje, ¡qué tontos! ¡Ni que fuera el abogado del mes! - más risas, obviamente sí es el abogado del mes, a mí ya no me hace gracia.

- Bueno Fredi, ¿y tú?

Mi madre me mirará sonriente, esperando a que le cuente mi maravilloso día en mi trabajo de mentira. Hace medio año que me despidieron de la agencia, por culpa de los líos con los abogados y la mierda del divorcio y aún no tuve cojones a decírselo, así que me voy a ir preparando para una de mis actuaciones.

 

Me pongo delante del espejo, con la ropa que elegí para mañana. Carraspeo. Sonrío. Sé lo que mi madre quiere oír.

- Pues la verdad es que a mí también me va bastante bien, bueno, no tanto como a Susi y a Víctor, pero no puedo quejarme. Ayer conseguí vender un seguro de vida a un tipo duro de roer, todos mis compañeros llevaban detrás de él varios meses, pero fui yo quien lo consiguió. Si sigo así por fin podré llevar a Juanito a EuroDisney, ya que su madre tendrá más problemas desde que la despidieron… pero bueno, estoy seguro que encontrará algo rápido, es muy espabilada.

Sí, a mí me va muy bien en el trabajo y mi ex mujer lleva dos meses despedida, que se joda.

Eso es lo que diré mañana, entonces podré hablar de fútbol con mi hermano mientras mi madre y mi hermana planean su boda. Sí, se casa mi hermana, pero parece que lo haga mi madre.

 

Ahora voy a escribirle una carta a la mujer a la que acoso, aún no sé como se llama… ¿Por qué no me lo habrá dicho hoy?

No me queda ginebra. Bajaré a comprar.

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Capítulo 2

2

 

Hoy cumplo los cuarenta. Los de movistar me mandaron un mensajito al móvil para felicitarme. Es el único mensaje que recibiré en todo el día, y tampoco sirve de mucho porque por correo me recordaron que tengo que pagarles.

 

Fui a comer a casa de mi madre. Todo salió como me esperaba, ni que los diálogos los hubiera escrito yo. Si los números de la primitiva fueran tan previsibles como mi familia, sería millonario. Mira, así podría pagar a movistar. Y comprarme otro coche, claro.

 

Sigo con la carta de la mujer a la que acoso. Es el quinto papel que arrugo y el quinto vaso de ginebra que me sirvo. Suena el móvil, quizá sea la última vez que lo haga. Es Julián, un amigo, dice que está como yo porque también se divorció hace un año, pero eso es mentira, él tiene trabajo, él puede usar su móvil.

- Dime Julián.

- ¡Tío! ¡Felicidades! ¿Pensabas que me iba a olvidar, eh?

- ¿Quién te lo dijo?

- ¿Qué, qué? ¿Me lo tiene que haber dicho alguien? Nos conocemos hace mucho…

Pego un trago. No voy a decir nada.

- Está bien, me lo dijo tu madre, la vi hace un rato, pasó por la tienda.

- Gracias Julián.

- De nada, pero oye, habrá que salir a celebrarlo, ¿no?

Miro al vaso

- Yo ya lo estoy celebrando.

- Venga, a las once te paso a buscar.

- ¿Mañana no trabajas?

- No, he hablado con mi hermano y abrirá él.

 

Colgó con un “Nos vemos campeón”, ¿qué le pasa? Es el único que sabe mi verdad, ¿cómo puede llamarme campeón?

Esta casa es una mierda. Hace más de medio año que vivo aquí y aún hay cajas con cosas por ahí. Es un estudio, la cocina, el salón y el dormitorio son una sólo habitación. A parte, con su puerta, el baño. Estoy en una vieja mesa que da a la ventana. A veces la veo desde aquí… mentira, solo pasó un par de veces, supongo que de casualidad, iría a un sitio diferente al que va habitualmente. ¿Qué sitio será ese? Tengo que empezar a seguirla, si no quiere hablar conmigo tendré que seguirla, tengo que saber a dónde va, que le gusta. Sé a dónde va, ¿por qué me engaño? No sé a dónde va, sólo sé en qué dirección va. Tengo que empezar a seguirla, lo único que hago es sentarme frente a su portal y mirar cuándo sale, cuándo entra… A veces va a la derecha, otras a la izquierda… tengo que sacar valor para seguirla.

 

Me acabo el vaso y salgo a la calle. Tiene que estar a punto de llegar a casa. Son tres manzanas las que nos separan. Llevo diez minutos caminando y ya veo el coche de mi ex mujer, bueno, mi coche, bueno, mi ex coche.

Y ahí esta su portal, y ahí mi banco. Me siento.

No tardó mucho en aparecer, está preciosa. Esa camiseta le hacen unas tetas increíbles… No se sí levantarme e intentar decirle algo… ayer a lo mejor le pillé con prisa, si voy hacia ella y le hablo con delicadeza, sin tocarla, quizás así…

- ¡Amanda! ¡Amanda!

Joder, es ese tío, su amiguito el rubiales. Ella se giró. Amanda. Nunca imaginé que fuera tan bonito. Amanda. Se saludaron con un abrazo. Cabrón, lo que daría yo por sentir su pecho contra el mío… ¡No cruzaron ni dos palabras que ya suben los dos a su casa! Que hijo de puta…

Me largo de aquí.

 

Son las once y cuarto y el imbécil de Julián todavía no llegó. Me da igual, yo ya llevo siete culines de ginebra, voy medio borracho. Al fin suena el timbre.

- ¿Listo para una noche loca?

Mi primer pensamiento fue “este tío es gilipollas, tenemos cuarenta años”, pero vamos a pasarlo bien, o eso espero, así que reí y salimos.

 

Estamos en el bar de siempre, yo ya me había echado varios cubatas, Julián también, los pagó él. Estoy borracho, ya no sé de qué me está hablando Julián, sólo puedo pensar en Amanda, en su nombre, en sus piernas y en sus pechos. En lo contenta que entró en su casa con ese tío. No puede ser su novio, si fuera su novio se hubieran saludad con un beso en la boca, pero no hubo beso, sólo un abrazo. Tienen que ser amigos. Sólo amigos. Pero lo que paso en su casa ya no lo sé… seguro que follaron.

Julián me acaba de tirar el trago por encima.

- ¡Op! ¡Felicidades! - balbucea Julián entre risas.

No sé si está más borracho que yo, pero desde luego una buena tajada lleva.

Voy al baño a secarme. Las paredes se mueven y el suelo está borroso. El agua del lavabo en mi cara me da una sensación extraña, como si me acabara de tirar a una piscina. En el espejo parece que las cosas no se mueven tanto. Pero al salir del baño está todo igual de abstracto. Ya no distingo a la gente. No sé dónde está Julián. Por fin lo encuentro, me hace señas, se ha sentado con dos tipos en una mesa y… espera… ¡uno de ellos es el rubio de Amanda!

Iba a decir algo pero no me salieron las palabras, le di un puñetazo directamente, voy tan bebido que sólo le volví la cara, el suyo me tumbó.

 

Es lo último que recuerdo. Ahora acabo de despertar en mi cama. Llevo la misma ropa, mi camiseta sigue oliendo a ron de Julián. Voy a llamarle para ver qué pasó. Pero después, termino la carta.

 

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Capítulo 3

3

 

Ese cabrón me dejó el ojo medio morado. Y eso fue todo lo que pasó, después de dejarme inconsciente se largó. Yo no tardé en reaccionar, me echaron un par de vasos de agua por encima y Julián me pidió un taxi. Lo que no sé es como lo debí pagar…

 

Qué bien me ha sentado esta ducha. Pienso llevarme en albornoz todo el día. En mi mesa que da a la ventana siguen los folios en blanco con el boli bic destapado sobre ellos, espero que no se haya secado… no, voy a seguir.

Estoy hasta los huevos de arrugar folios, esta es la última que escribo, así quedará:

Hola, sé que es algo impersonal, pero como el otro día no quisiste hablar conmigo, pensé que quizá puedas leer esto… Me llamo Fredi, de Alfredo, ¿no te parece una coincidencia? Tu nombre también empieza por A, Amanda, es muy bonito. Quiero que sepas que tengo muchas ganas de conocerte. Voy a estar en el bar de en frente de tu casa de 7 a 8 de la tarde, me gustaría que te pasaras y charláramos. Porque hoy es jueves, sales de trabajar antes, ¿no? Espero que no faltes. Yo no lo haré.

Fredi

Me da igual si es una puta mierda o no, está a punto de llegar a casa para comer, y quiero dársela ya, porque no puedo aguantar ni un día más, esta tarde tomaré un café con ella.

Doblo cuidadosamente la carta y me aseguro que no tenga ninguna mancha. Creo que me salió buena letra. Y en cuanto a las faltas de ortografía… no, no, creo que no hay ninguna. La voy a llevar en la mano, no vaya a ser que en el bolsillo se me arrugue.

 

La una y cuarto. Llego bien, suele llegar sobre y media o menos cuarto, así que todavía no llegó. Hace un día muy bueno, sol y pelín de viento que sienta muy bien. Los dos árboles que presiden el portal de Amanda se mueven suavemente con el tenue soplido del viento. Recuerdo como ocurre lo mismo con su falda al caminar, sólo que es más hipnótico. Muchas veces me dieron ganas de seguirla porque soy incapaz de dejar de mirar el vaivén de su falda, pero no la seguí. Cuando quede conmigo y me haya conocido, no tendré la necesidad de seguirla, podré quedar con ella otra vez. Ahí está. Camino hacia ella.

- ¡Amanda! - dije tres pasos antes de llegar a ella.

- ¿Quién coño eres?

- Solo quería darte esto.

Le di la carta. Ella la cogió y me miró raro. No me gustó esa mirada, así que me fui antes de que me la devolviera o soltara otra frase mal sonante. “¿Quién coño eres?” No le queda bien a una señorita como ella decir una palabra así. Estaba nerviosa, es normal, todavía no confía en mí.

 

Al llegar a casa me estaba sonando el móvil, vaya, todavía funciona. Julián, quién va a ser.

- Fredi, me vas a amar eternamente.

- ¿Qué?

- Te conseguí una entrevista de trabajo, ¿qué te parece?

- ¿No jodas? - esto sí que no me lo esperaba - ¿Dónde?

- De lo tuyo, en una compañía que hay por aquí cerca de mi tienda.

- Joder, gracias tío… no sé… y ¿Cuándo me paso?

- Tienes hora y todo, apunta. Hoy a las seis y media.

- ¿A las seis y media? Joder qué tarde, ¿no?

- ¿Tarde? ¿Por qué? Mejor, así te echas la siesta - y se ríe, no sabe que quedé con Amanda.

- Pero Julián es que a esa hora no puedo…

- Fredi, no puedes dejar pasar esta oportunidad, además, no me jodas, ¿qué vas a tener que hacer tú? - más risas, ¿esto es un amigo?

- Vale, vale, deja de reír, iré, pero iré antes, porque tengo cosas que hacer.

- Bueno, tú pásate cuando veas, pero a mí me dijeron que a las seis y media.

 

Cojonudo, para una vez que tengo que hacer algo son dos cosas a la vez, ¿es esto la crisis de los cuarenta? Hablando de eso, hoy para comer tengo la tarta que compró mi madre para mi cumpleaños, de primer plato, de segundo yogur. Iré a las seis a lo del trabajo y a las siete ya estaré listo para ver a Amanda. Tengo que ir guapo a los dos sitios, ¿no? Pues redondo, no hace falta ni que pase por casa a cambiarme.

 

Las seis de la tarde. Me costó elegir el traje, pero creo que está bien, no muy informal para una entrevista de trabajo y no muy formal para mi cita con Amanda. La corbata me la quitaré cuando este con ella, o a lo mejor me la dejo… ya veré.

- Hola, vera, soy Alfredo Carrillo. Habló con ustedes mi amigo Julián Broto recomendándome para el puesto de vendedor.

- Un momento - vaya secretaria más seria… - Alfredo Carrillo no está citado hasta las 18:30.

- Ya, ya lo sé. Pero es que a las siete tengo que marcharme, es importante. Entonces vine ahora para ver si era posible que me atendieran ya.

- Siéntese un momento que voy a ver que puedo hacer.

No me gustó nada ese siéntese, se parece a los de urgencias…

Llevo cuarto de hora aquí esperando. Me estoy impacientando de verdad… y es que esta tía parece que pasa de todo, no la vi coger el teléfono ni nada… Además es fea.

- Perdone señorita, pero es que llevo ya un rato esperando y…

- Lo siento señor Carrillo, usted esta citado para la media, hacemos lo que podemos, además no…

- ¿Alfredo Carrillo? - Un tipo de traje, amplia sonrisa y más joven que yo apareció por detrás cortando a esa bruja - Julián me habló muy bien de ti. Acompáñame por favor.

 

Me lleva al que parece ser su despacho. Me hace las preguntas de rigor. Estudios, experiencia, datos de la empresa en la que trabaja antes… Las siete menos cuarto.

- Bueno, pues creo que con esto ya es suficiente.

- Gracias por su atención señor Márquez.

- Llámame Miguel, Alfredo.

- Ah, pues usted a mi Fredi - eso le hizo gracia.

- Compararé tu currículo con el de los demás y te llamaré, ¿de acuerdo?

- Totalmente, muchas gracias - le doy la mano como despedida.

- Sabes Fredi, yo iba a clase con Julián. Ya me dijo que tu fuiste con él al instituto.

No me lo creo, ¿me va a contar su vida?

- Sí, sí, nos conocimos en el instituto.

- Joder, como es ese Julián, la de perrerías que les hacíamos a los más pequeños.

Me empieza a contar no sé qué movidas que hacía con Julián a los ocho años. Yo me limito a sonreír y asentir, ¡pero es que son ya menos cinco!

- Lo siento Miguel - le corté de mala manera - pero es que tengo que irme deprisa, he quedado.

- Oh, ya… - no le gustó nada, lo sé - bueno, no pasa nada, ya nos veremos. Espera mi llamada.

- Gracias otra vez. Hasta pronto.

 

El viaje en metro me lo pasé pensando en lo mal que había quedado… pero joder, son ya las siete, no puedo arriesgarme a que Amanda llegue antes que yo, ¿y si no me ve y se larga? Digo yo que esperará un rato… Aunque bueno, es una mujer, y las mujeres suelen llegar tarde. Además, dejándole de margen hasta las ocho, no creo que llegue a en punto. Se tiene que hacer de rogar. Las mujeres hacen eso.

Sólo una parada más. Dios mío, espero que no se haya ido…

Posted by iña at 20:23:07 | Permalink | No Comments »

Capítulo 4

4

 

No estaba en el bar. Había gente. Había mujeres, pero no estaba ella. Miré a todos lados, incluso en el baño, pero nada… ¿se habría ido ya? Sólo llego diez minutos tarde, vine corriendo. No puede ser que por diez minutos se haya ido. En diez minutos no te cansas de esperar, yo no me cansaría… No, no, es una mujer, las mujeres no suelen llegar pronto, les lleva su tiempo arreglarse. Sí, seguro que no llegó todavía. Seguro. Me voy a sentar aquí a esperarla. No tardará en llegar.

- ¿Le pongo algo, señor? - ¿Señor? Joder, como se nota que hice los cuarenta…

- Un vasito de ginebra, por favor.

Iba a pedir un café, pero prefiero templar mis nervios a acelerarlos. No me puede ver nervioso, en fin, tengo que estar bien. La primera impresión es la que cuenta, o eso es lo que dicen.

 

Miro hacia su edificio. Seguro que está ahora en su piso terminando de maquillarse. ¿Hacia dónde dará su ventana?. Se estará poniendo sombra de ojos a conjunto con su color de pelo, y pintalabios rojo, que queda bien con todo. ¿Y de ropa? Espero que se ponga esa faldita con volantes que hace que cada vez que camina se le vean un poco más esos muslos duros y estilizados con los que empiezan sus largas piernas. También se pondrá esa escotada camiseta blanca que deja al descubierto el color de su sujetador. Esa camiseta blanca que esta hecha a medida para sus pechos, la perfección llega a su punto máximo cuando sus tetas están recogidas en esa camiseta blanca, a la vista pero ocultas. Nota mental: evitar por todos los medios mirarle el escote cuando esté hablando con ella… Espero que sea posible.

Yo tampoco estoy mal. Estoy bastante contento con el traje que elegí. Traje negro elegante con camisa azul, ni claro ni oscuro, un azul estándar que queda perfecto con el negro, lo que si que es oscura es la corbata, marrón oscuro, yo creo que pega bastante… joder, la corbata fuera, al bolsillo de la americana. Sí, creo que así mejor.

 

Joder… me estoy poniendo nervioso. Y me acabo de acabar el vaso. Pediré otro. Tarda demasiado, ya son casi y media, vale que sea una mujer y todas esas chorradas que llevo media hora pensando, pero retrasarse treinta minutos ya es mucho… Bueno, espera, que le dije de siete a ocho, claro Fredi, coño, es que estoy empeñado en que habíamos quedado a las siete, pero no, yo le dije que de siete a ocho estaría aquí. Claro, es eso lo que pasa, como le dije de siete a ocho, lo mismo se pasa a las ocho, a lo mejor a las siete no le venía bien y se pasa a las ocho. Sí, seguro que es eso, tendrá que hacer algo, no sé… ver a su madre o llevar al canario al veterinario… a lo mejor tiene canario, o un gato. Pero lo animales le gustan seguro. Pues no sería mala idea comprarse un perro… o un gato… no, no, mejor un perro. Pues sí, a lo mejor lo hago. Un perro me haría compañía. Y quizá algún día, paseando con él, me encuentro a Amanda.

- Ooooh, que perrito tan bonito, ¿cómo se llama?

- Fredi, como yo, aunque como leí en el manual del perro que es conveniente ponerles un nombre de una sola sílaba, lo llamo Fred.

- Fred, me gusta, y él más, que bonito es… ¡hola Fred! - me sonreiría y yo le devolvería la sonrisa - Así que tu eres Fredi, como es que no te vi antes por aquí.

- Bueno, vivo a un par de manzanas.

- Anda, y ¿qué te trae por aquí?

- Tú, principalmente.

Los dos reiríamos y nos besaríamos, o algo así… Sí, creo que compraré un perro. Uno bonito.

 

Madre mía, ya pasó otro cuarto de hora… no veo ni siquiera que entre o salga del portal… claro, y como su ventana no da a la calle… Debo parecer patético llevo más de media hora aquí sentado, solo, me bebí tres o cuatro ginebras y no dejo de pensar en ella.

- Perdona, ¿tú eres Fredi? - Coño, ¿cómo sabe la camarera mi nombre?

- Sí, pero…

- Ah, perdona, de verdad, perdona por haberte hecho esperar tanto - pero ¿qué es esto? ¿me cambiaron a Amanda por una camarerucha bajita? - Una chica morena me dio esto para ti.

Una nota. Un pequeño trozo de papel blanco doblado por la mitad. Lo desplegué y solo había una palabra.

OLVÍDALO

¿Olvídalo? ¿Cómo que lo olvide? ¿Qué tengo que olvidar?

- ¿Esto te lo ha dado ella?

- Sí, hace ya bastante rato. Lo siento, tendría que habértelo dado antes, pero es que por lo que ponía no pensé que fueras tú… en fin, como quiere que te olvides pensé que serías bajito, calvo o algo de eso… pero como te vi esperando… - vaya, alguien que piensa que quedar conmigo tampoco está tan mal. Esta tontería me subió la moral.

- Je, pues ya ves, soy yo… oye, ¿ella viene mucho por aquí?

- Sí, bueno, a veces se pasa. Pero por lo que me dijo mi jefe, se suele pasar más por el ART, calle abajo. Algunas noches actúa allí.

- ¿Actúa?

- Sí, tiene un grupito de teatro y a veces hacen cosillas.

Teatro. Amanda hace teatro. Además de perfecta, actriz. Seguro que lo hace muy bien… En el ART, iré a verla, sí.

La camarera me invita al último vaso, por la espera. Me sonríe mucho, no sé si le gusto o simplemente se siente culpable de mi paciente espera. Este vaso ya no me sabe a nada. Olvídalo. ¿Cómo puede intentar deshacerse de mí de esa manera? ¿En serio quiere que me olvide de ella? ¿Que me olvide de quedar? ¿Que me olvide de conocerla? No puedo olvidarla. Ya es mucho tiempo pensando en ella cada día, esperándola en su portal, mirándola desde ese banco. Ya es demasiado tarde para que me olvide de ella. No lo haré. De hecho, me voy a sentar al banco una vez más. A ver si vuelve a aparecer. Hasta que me entre hambre. Total, no tengo nada mejor que hacer…

 

Ya pasan de las ocho y es casi de noche. Las farolas de la calle ya se encendieron y el portal de Amanda quedó a oscuras en su interior. De vez en cuando la luz se enciende para que salga o entre alguien, algún vecino que probablemente conozca a Amanda. Pues lo mismo me acerco a preguntar su piso a alguno de ellos…

- Fredi - ¡Coño! Mi ex mujer por la espalda, ¡qué susto!

- ¡Joder Victoria!

- Vaya, sí que te alegras de verme.

- Que me asustaste coño. ¿qué… qué haces aquí?

- ¿Qué pasa? Estoy paseando.

- Ah, pues sigue tu paseo.

- Que borde eres, desde luego.

- No, si aun querrás que te sonría y te dé conversación.

- Ay mira, no hace falta, me voy a saludar a una amiga, por cierto, tu hijo bien.

- Ya sé que está bien, le regalé un móvil para hablar con él sin tener que aguantarte.

- Adiós Fredi.

Mala pécora… Ese teléfono móvil que le compré a mi hijo es lo más caro que he comprado desde que me divorcié y bien orgulloso que estoy porque así sé que mi hijo… un momento, no me lo creo, está… está saludando a… ¿está saludando a Amanda? Sí, sí, joder sí, ¡está saludando a Amanda!

 

Amanda estaba volviendo a casa, no la había visto porque estaba hablando con mi ex, pero resulta que se conocen… pero qué… pero ¿cómo se conocen? ¿de qué? Y ¿de dónde venía Amanda? No viene a mi cita pero sí que se va por ahí… Bueno, lo importante ahora es que mi ex conoce a Amanda. Voy a ir allí, es mi oportunidad de hablar con ella. Un momento, no, que mierda de idea, no. Si voy allí y Amanda sabe que soy el ex de Victoria sabrá que estuve casado, y lo que es peor, Victoria no le dirá nada bueno de mí, y entonces sí que no querrá conocerme… Mierda. Ahora tengo otra que hacer, que Amanda no se entere que tuve relación con Victoria, ninguna.

Bueno, ya se separan, tampoco hablaron mucho. Quizá no sean muy amigas, sólo conocidas… Pero Victoria dijo que iba a saludar a una amiga… ya, pero Victoria dice muchas cosas. No sé, a lo mejor son compañeras de trabajo. No, Amanda no tiene pinta de banquera, y su manera de vestir tampoco acompaña. Odiaría que vistiera como mi ex.

 

Joder, si no se hubieran encontrado tan cerca de su portal me hubiera acercado a preguntarle qué significa eso de que lo olvide. Vuelvo a mirar el papelito que me dio la camarera. Tiene una letra bonita. La o final acaba con rabito, como cuando éramos pequeños, y la i perfectamente acentuada. Tiene estudios, seguro. Lo guardaré, es lo único que tengo de ella. Lo guardaré en mi cartera, junto a la foto de mi hijo. No, mejor no, si pusiera algo bonito quizá, pero esto… Con que lo guarde en el cajón de la mesilla ya vale.

 

En fin, no creo que vuelva a bajar, me voy para casa. Pero antes voy a llamar a Julián en esa cabina. Llamar me podrán llamar, pero lo que está claro es que yo no puedo llamar. ¿Sólo tengo 50 putos céntimos? Joder, ya puedo darme prisa. Aunque los apuraré, claro, esta máquina no se me traga más dinero.

- Julián, ¿qué tal tío? Oye, ¿conoces un bar que se llama ART?

 

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Capítulo 5

5

 

- Felicidades Quique.

- ¡Gracias papá! Mamá dijo que te ibas a olvidar.

- Joder, es la una del mediodía, estaba esperando a que salieras del cole… - zorra - ¿Cuántos cumples ya?

- Once.

- ¡Vaya! Pero… ¡pero si eres ya un hombretón!

- Jaja - me encanta oírlo reír - Sí, pero mamá dice que es el número de la mala suerte.

- Anda, dile a tu madre que no diga gilip… tonterías, seguro que tienes mucha suerte.

- Sí, también dice eso - se nota que le da igual ocho que ochenta.

- ¿Sabes que papá ya tiene trabajo? Dile eso a tu madre también, pero muchas veces al día.

- ¿De verdad? ¿Ya tendrás dinero? - qué coño le habrá contado esa puta…

- Sí hijo… me han contratado entre un montón de aspirantes.

- Guay papá, qué listo eres - joder… cosas como estas son las que me emocionan de verdad, qué tontería.

- Oye, y ¿sabes otra cosa? Me voy a comprar un perrito.

A mi hijo le entusiasmó esa idea. Iré a comprarlo con él.

 

Con mi primera paga, lo primero que haré será pagar el teléfono. No puedo hablar más de dos minutos con mi hijo en esa puta cabina.

Menos mal que al final me cogieron en el trabajo. La verdad es que Julián tuvo bastante que ver… el jefe no me lo dijo tal cual, pero lo sé… se le notaba. El propio Julián tampoco me lo quiso afirmar, pero tampoco lo negaba. Esa misma tarde quedé con él, cuando salió de trabajar. Le invitaré a un par de cervezas en el ART. Con un poco de suerte veremos a Amanda.

 

El ART era un bar oscuro, la luz con la que contaba estaba repartida por cada una de las mesas, en pequeñas velas de color marrón que estaban dentro de una vasija del mismo color. Al otro lado de la barra, en la otra punta del bar, había un pequeño escenario, tan pequeño que casi no parecía un escenario, sino más bien un escalón que no llevaba a ningún sitio. Ese mini-escenario tan sólo contaba con un micrófono y una banqueta, sí, en plan noche de cómicos, quizá Amanda interpretara monólogos de humor. Aun que no me la terminaba de imaginar.

Ya nos habíamos bebido media jarra cuándo se encendió una luz en el escenario. La gente comenzó a bajar la voz poco a poco mientras un tipo, que salió de una puerta a pocos metros, colocaba el micrófono a su medida. El bar quedó en silencio.

- Buenas noches.

Con esa primera frase que dijo ya supe que se traba de un monólogo de humor. Es con lo que empiezan todo los monólogos, además, eran las ocho de la tarde, no dices buenas noches a las ocho de la tarde si no vas a comenzar un monólogo. Y eso fue lo que hizo. La gente reía tímidamente. La verdad es que a mí, lo que estaba diciendo, me sonaba un poco… no sé, quizá ya lo hubiera visto en la tele… Y el tipo tampoco tenía pinta de haberse escrito el texto.

- Qué bueno, no sabía que en este bar hicieran esto - a Julián le estaba gustando - ¿Cómo lo descubriste?

- Nah, lo oí por ahí. ¿Quieres otra jarra?

- Sí, pero a esta invito yo.

Cuándo nos trajo las copas le pregunté al camarero si conocía a Amanda. El tío no tenía ni idea, y mira que le insistí, pero nada, decía que nunca había visto actuar a nadie que se llamara Amanda, que es más, pocas mujeres actuaban allí. El monologuista había terminado. Le aplaudían. A la media hora o así salió otro tipo. Pero a este ya no le escuchamos.

 

- Así que mañana empiezas - Julián casi estaba más contento que yo por mi nuevo trabajo.

- Pues sí, habrá que madrugar… ya no sé si me acordaré de hacerlo - risas. ¿Cuántas cervezas llevamos ya? - Creo que va siendo hora de pedirse una ginebrita.

- Pues yo creo que va siendo hora de irse a casa.

- ¿Qué? Vamos Julián, no son ni las diez.

- Las diez menos cinco para ser exactos, y como ya dijiste, hay que madrugar - se levantó.

- Joder… ¿puedes llevarme a un McDonald o algo? Es que creo que no tengo nada para cenar…

- Vaya tela Fredi… Anda, vente a cenar a mi casa. Hoy hice un montón de ternera guisada, tengo de sobras para los dos, y si no la como hoy acabaré tirándola.

Terminé aceptando, qué coño iba a hacer. Además, el cabrón cocinaba de puta madre. No sé si su mujer le había enseñado o se apuntó a algún cursillo al divorciarse.

 

Estábamos a punto de salir por la puerta, cuando la luz del escenario volvió a encenderse de nuevo. Esta vez era el turno de un tipo rubio, no lo veía muy bien desde la puerta, pero desde luego me sonaba. Paré a Julián para que esperara mientras intentaba identificarlo. Coño, ya sé quién es, ¡es el hijo puta que va con Amanda cada dos por tres! Iba a ir hacía él, pero Julián me empujó hacía la calle. También se había dado cuenta de quién era.

- ¿Pero qué coño te pasa?

- No te vas a pegar otra vez con ese tío.

- ¿Qué? - ahora me di cuenta yo de lo que se había dado cuenta Julián - Vamos tío, no voy a pegarle joder, sólo quiero hablar con él.

- ¿De qué coño quieres hablar con él?

- De una cosa - intento volver a entrar, pero parece que Julián no me va a dejar.

- Vamos Fredi, entra en el coche, mira, lo tengo allí.

- Julián, sólo quiero preguntarle una cosa a ese tío.

- Sube al coche, por favor.

Joder, sólo quería preguntarle a ese gilipollas si sabía cuándo vendría Amanda. Pero quizá Julián tenía razón, después de la que le monté en aquel bar, lo mejor sería no hablar con él. Y menos preguntarle por Amanda.

 

Subimos al coche. El camino fue mudo, a penas hablamos. Sólo se oye la radio, el cabrón tiene un coche bastante silencioso. Llevamos escuchando los putos 40 cinco minutos sin decir nada y ahora suena la nueva del ricitos, yo no puedo más.

- Joder, cambia esta mierda.

- ¿Qué coño quieres que ponga?

- ¿No tienes ningún CD?

- No sé, mira en la guantera, creo que sí que tengo alguno.

A ver que tiene por aquí. Un montón de papeles… mira, un portacedés, joder, aquí caben un huevo, menos mal que no tenía. Será tacañazo, son todos grabados. De momento no me gusta ninguno… deben ser de su ex mujer. Coño, uno original. Hostia, ¡pero si este CD es mío!

- Oye cabrón, este CD es mío.

- ¿Qué CD?

- Pues este, este, el de los Rolling.

- ¿Tengo un CD de los Rolling? - se lo puse en la cara - Joder que no veo.

- Pues tranquilo, que ya no lo tienes porque es mío.

- Eh, que me lo debiste regalar, a mí también me gustan los Rolling.

- Si te gustaran no tendrías puesta esta mierda.

- Joder, pues pon el puto CD, no sabía que lo tuviera, ¿vale?

- Ya podía buscarlo, coño, ¿cuándo me lo quitaste?

- Coño Fredi, que yo no te lo quité.

- ¿Ah, no? ¿Y por qué está en tu guantera?

Julián paró el coche en medio de la calle. Suerte que no venía nadie detrás.

- ¿Me estás llamando ladrón, Fredi?

- Joder Julián, llevo buscándolo un montón de tiempo. Creía que lo había perdido en la mudanza…

- Pues yo no te lo he cogido Fredi, no necesito ir robando nada por ahí, tengo trabajo, no como… - no acabó la frase, pero sé muy bien que quería haber dicho.

- Como quién, Julián ¿como yo?

- No, joder, Fredi, no quería decir eso.

- ¿No? ¿Y qué querías decir cabronazo?

- Mira, no me jodas, porque si ahora tienes trabajo es gracias a mí.

- Ah, ¿ahora es gracias a ti? Ahora sí que es gracias a ti, ¿no?

- Pues sí, Fredi, sí, es gracias a mí.

- Crees que por mí mismo jamás podría haber encontrado trabajo, ¿verdad?

- Vete a la mierda, Fredi.

- Pues tranquilo que ya me voy.

Me está tocando los huevos de verdad, me voy de aquí y que le den por el culo, con el CD, claro. Cierro tan fuerte la puerta que casi la hago giratoria, pero él no me lo dijo, siempre me dice eso de la puerta giratoria. No dijo nada. Ya casi no le veo. Yo creo que empezó a acelerar cuando puse el primer pie en el suelo.

 

Pues vaya puta mierda. Ahora tengo que volver caminando a casa y cabreado con mi mejor amigo. Con mi único amigo. Menos mal que no estoy muy lejos. Pero joder… es Julián ¿por qué mierda me he cabreado tanto con él? A lo mejor ya estaba enfadado por no dejarme volver a entrar en el ART y lo del CD fue el detonante… Qué gilipollas soy, hostia. Encima de que me consigue trabajo le trato como a un ladrón. La verdad es que no se por qué este CD estaba en su coche. No recuerdo haberlo dejado allí, ni habérselo dejado a él. Pero seguro que fue algo de eso, sólo que ninguno nos acordamos. Es imposible que Julián me haya robado un simple CD. Y yo le llamé ladrón, cabrón e indirectamente maricón por escuchar los 40 en vez de los Rolling. Ahora son las diez y pico de la noche y estoy caminando sólo con un puto CD de los Rolling sin caja en la mano.

Acabo de llegar a mi portal y creo que ese que está aparcado allí es el coche de mi ex mujer, bueno, mi ex coche. Pero… no. Vaya, no creo, no sé qué cojones haría aquí.

 

Odio el ascensor de mi casa. No es que sea pequeño, que lo es, pero es que sobretodo es estrecho, estrechísimo. En la mudanza no pude usarlo para nada… vamos, que es como rectangular… no sé, parece de broma.

Aun que esta vez el rellano me parece peor, ahí está mi ex mujer, en la puerta de mi piso, con un gesto que no refleja ni enfado ni odio, sino las dos cosas a la vez.

- ¡Papá! - mi hijo me abrazó efusivamente.

- Hola cariño, ¿qué haceis aquí?

- ¿Cómo que qué hacemos aquí? Te dejé un mensaje.

Esas palabras de mi mujer, no sé por qué pero resultan amenazadoras. ¿Me dejó un mensaje? Y yo qué coño sé, no me saco el móvil… Mierda, hoy es el cumpleaños de Quique, seguro que tenía que quedar a cenar y a dormir conmigo o algo así… seguro que quedé en eso con mi mujer. Pero no consigo recordarlo.

- Ah… ya… Bueno, lo siento Victoria, pero es que mañana trabajo y… - mira mi hijo, verdaderamente me quiere - ¿a qué hora tienes cole mañana hijo?

- A las 9, papá.

- Vaya… yo también entro a trabajar a las 9, y no puedo llegar tarde, mañana es mi primer día, ¿entiendes?

Mi ex me coge de un brazo, a ver que me propone.

- Mira Fredi, la verdad es que no me hace ninguna gracia dejar a Quique contigo, pero no sé por qué extraña razón él está deseando hacerlo.

- ¿Extraña razón? Es mi hijo, es totalmente normal que quiera estar conmigo.

- Bueno, sí, como quieras. Pues eso, que cuando te vayas a trabajar, que por cierto aún no me lo creo - paso de responder a eso - pues que lo pases por casa y ya lo llevaré yo.

Acepto. Paso de discutir con ella, y menos de explicarle por qué tengo trabajo, ni por qué mi hijo quiere estar conmigo el día de su cumpleaños. Dejaré que Quique se despida de su madre, yo voy a meterme corriendo en casa para ver si esta todo en orden.

 

Posted by iña at 20:21:03 | Permalink | No Comments »

Capítulo 6

6

 

¿Las 8 de la mañana? Vaya tela, ya no recordaba qué era eso… Mira mi hijo, duerme como un angelito en mi cutre cama supletoria. Ni se inmutó con el despertador. Ni un solo movimiento. Respira suavemente, hasta parece que sonríe. Joder, no se parece en nada a su madre…

Bueno, arriba Fredi. Hoy tienes que dar todo lo mejor de ti para que no te vuelvan a despedir. No, eso no pasará por que me despidieron por culpa de Victoria, y ese problema ya no lo volveré a tener, no.

¿Mi hijo querrá ducharse o bañarse? ¿Lo hará solo ya? Coño, esto es patético, no tengo ni idea de mi propio hijo… En fin, me ducharé yo primero y luego lo despierto. Desayunar sí que desayunará. De puta madre Fredi, y ¿qué coño le vas a dar de desayunar? Joder, no es la primera vez que se queda, pero sí la primera que no tienes nada…

 

Ducha fría por la mañana, lo mejor para empezar bien el día. Mentira, lo que pasa es ¡que me cortaron la calefacción! Cojonudo, ahora sí que no le digo a mi hijo que se duche ni nada…

En fin, a ver si tengo algo en la nevera… Coño, qué bien, tengo leche, gracias a Dios. Le preparo un vaso caliente, justita me dio para el vaso. Da igual, yo no bebo leche. Le estoy despertando, el pobre no tiene ninguna gana.

- Venga, que te preparé un vaso de leche.

Sigue sin apetecerle, pero sabe que tiene que levantarse.

- Papá, ¿dónde está el colacao?

- ¿Colacao? No tengo colacao, hijo.

- Jo… es que sin colacao no me gusta…

- ¿Qué? Venga Quique, por Dios. Mira, ¿sabes por qué no tengo colacao? Pues porque vivo solo, y yo no bebo colacao porque ya soy mayor. Y claro, pensé que tú ya eras niño grande, por eso no me preocupé en comprarte…

- Sí que soy mayor, ayer fue mi cumpleaños.

- Claro, pero bueno, que si quieres voy a buscar tu colacao. Abajo hay una tienda, ¿cuál es? ¿Ese que anuncia un niño pequeño que se va de excursión?

- No, da igual, sin colacao.

Qué fáciles son los niños, no sé por qué mi ex mujer se queja tanto. Se bebió el vaso enterito, y aún me dijo que estaba buenísimo. Es el hijo perfecto, y me encanta, porque sé que por mucho que le diga su madre que soy un perdedor y un mierda, él nunca dejará de quererme.

De camino a casa de mi ex no dejó de hablar. Le encanta el metro, si hasta me dijo que es mejor que el coche de mamá. ¿El coche de mamá? Si yo fuera Victoria ya le hubiera dicho “ese no es el coche de mamá hijo, ese es el coche que mamá le robó a papá”, pero gracias a Dios, no soy así. En fin, la cosa es que me está contando un montón de cosas. Que si sus amiguitos del colegio, que si a ver cuando me acompañaba a comprar el perro, que si los juguetes de su cumpleaños… ¡Joder, no le compre nada!

- Vaya, sí que te regalaron cosas para tu cumple, pero te falta el mejor de todos.

- ¿El tuyo?

- Claro.

- ¡Lo sabía! Sabía que no te olvidarías, mamá me dijo que seguramente no me habrías comprado nada - ¡coño con esa zorra! Me está hinchando ya los cojones, ¿qué pasa? ¿que sólo le habla a Quique de que soy un hijo de puta? ¡Joder! - Pero yo le dije que no te habías olvidado de mi regalo porque te habías acordado de felicitarme.

- Pues claro que no me olvidé de tu regalo, hijo. Lo que pasa es que está encargado, me lo tienen que traer.

- ¿Y qué es?

- ¿Tú qué crees que es?

- ¿La bici? - ¿La bici? ¿Está loco? ¿Cuánto vale una bici? Además, ¿no tiene ya una?

- ¿No tienes ya una?

- Sí, pero es que esa ya es vieja, y se me quedó pequeña.

- Pero hijo, tienes trece años, el año que viene ya podrás llevar moto.

- ¿De verdad? ¿Y que me comprarás una moto? - para qué coño habré abierto la boca.

- Uy, no… pero creo que ahora van a cambiar la ley y no podrás llevarla hasta los dieciséis…

- ¿En serio?

- Pues si, en la Motociclismo hay un artículo entero, ya te lo dejaré.

Ya estamos en la parada, joder… no sé si llegaré pronto al curro. Menos mal que la casa de Victoria está al lado de la boca del metro.

 

Joder, esto sí que es un ascensor. Sólo me va a dar tiempo de darle a Quique y salir corriendo. Menos mal que por una vez ella me facilitó las cosas, ya estaba en la puerta esperándolo. Parece que se notaba mi prisa.

- Corre Quique, ven, que tu padre tiene que trabajar, y Amanda ya te preparó el desayuno.

- De hecho yo ya le preparé el desayuno… ¿Amanda?

En ese momento ocurrió lo que jamás hubiera esperado. En este preciso momento alguien sale por detrás de mi ex mujer llamando a mi hijo. En este mismo momento, ahora que esa mujer abraza a mi hijo, me doy cuenta de quien es. Y sí, es ESA Amanda. Mi Amanda. Quedo tan atónito que no me doy cuenta que las puertas del ascensor se están cerrando. Lo último que vi fue la mirada de Amanda sobre mis ojos y a mi hijo diciéndome adiós.

¿Qué coño acaba de pasar? ¿Estaba realmente Amanda en casa de mi ex mujer o fue una alucinación? ¿Estaré loco ya? Aún no puedo reaccionar, no sé si volver a subir o ignorar ese espejismo y marchar corriendo al trabajo porque voy a llegar tarde. Pero si subo Amanda sabrá que yo soy el padre de Quique, por lo tanto sabrá que estuve con Victoria. Y si Victoria no deja de decirle a mi hijo lo desgraciado que soy, no quiero pensar lo que le podrá decir a Amanda. No, pero es que seguro que ya se lo dijo, seguro que está todo el día diciendo “pues es que el padre de Quique es un perdedor, no tiene trabajo, no tiene dinero, ni siquiera tiene una casa normal”. No, no voy a subir, no puedo dejar que me conozca. No puedo dejar que sepa que yo soy el padre de Quique, el ex marido de Victoria, El Perdedor. Me voy a trabajar.

Ahora estoy en el metro y estoy pensando si hice bien en no volver a subir. Porque vale, no quiero que sepa que soy ese al que mi mujer critica siempre que puede, pero es que ella ya me vio… o eso creo. No, no, es seguro. Vi sus ojos. Vi sus ojos en los míos. Aun que claro, también fue cuando la puerta del ascensor estaba a punto de cerrarse, quizá no le dio tiempo a reconocerme… uff, vaya tela… ¿qué hora es?

 

- Lo siento Señor Márquez, llego tarde, pero es que…

- Llámame Miguel, Fredi. Y tranquilo, ya sé que no tienes coche, y el trasporte público es muy irregular - no sé si eso fue ironía o lo decía de verdad… - De todos modos son sólo 7 minutos - qué precisión.

 

La mañana de trabajo transcurrió normal, sin mucho que hacer, me pusieron a contestar el teléfono y hacer unas fotocopias. La verdad es que no llamó casi nadie, me aburrí como un supervisor de pelotas de goma… Y por eso se me hizo tan largo, que tenía pensado ir a por mi hijo a la escuela, a ver que me podía contar de Amanda, pero seguro que ya habían salido. Pero, coño, ¡si sólo son las 12! Hostia, pues me da tiempo de sobras, vamos, no creo que salgan antes… Voy a ir, no está lejos.

 

Son las doce y media y aquí no pasa nada… Lo mismo salieron a las 12… Voy a entrar a preguntar, recuerdo que a la entrada había una secretaría.

- Hola, soy el padre de Enrique Carrillo, venía a buscarle.

- ¿Tiene cita con el médico?

- ¿Perdón?

- Saldrán en media hora, pero si tiene que salir antes por cualquier compromiso lo voy a llamar - coño, pues casi mejor, así no tengo que estar aquí esperando, y lo mismo le doy una alegría a él.

- Sí, sí, llámelo mejor.

- ¿A qué clase va?

- ¿No lo sabe usted? - mirada fulminante por su parte - Eh… - risilla nerviosa por la mía - Pues va a…

Salvado por la puerta, hoy es un día de casualidades, desde luego, el que acaba de salir de una clase al fondo del pasillo es mi hijo. Quedó mirándome como extrañado, ya lo tengo corriendo hacia a mí.

- ¡Papá!

- Hola hijo, ¿A dónde crees que vas? ¿Ya ibas a saltarte la clase? Pero espera un poco hombre, que aún no estás en la universidad.

- Que no papá, que iba al baño.

- Ah, pues venga, ves al baño y date prisa que nos vamos.

- ¿A dónde? Pues al médico hijo, ¿no te acuerdas?

Lo voy empujando al baño para que no pregunte más, ahora que la secretaria no mira le guiño un ojo, él me sonríe y tira para el baño. Joder, qué listo es. Pero aun con todo la señora esta parece no creérselo del todo, sigue mirándome raro. Joder señora, que no soy un secuestrador, ¿no vio que me llamó papá? Coño, odio que me miren. Y más de esa manera.

Qué rápido mea mi Quique nos vamos para fuera antes de que esta mujer me llame de todo menos bonito…

- ¿Tengo que ir al médico?

- Que va, era un truco para sacarte de ahí.

- ¡Qué guay!

- Sí, pero no le digas nada a mamá, ¿eh? Será nuestro secreto.

- Vale - hizo gesto de sellarse los labios.

La verdad es que no sé qué coño le voy a preguntar… Es Amanda, si es que es ella… es la cuidadora de mi hijo, es quien esta con él cuando no está conmigo o con su madre, es quien juega con él, quien le da de merendar, quien lo baja al parque… Seguro que está con él mucho tiempo, incluso más que yo. Yo no estoy nada con él, y su madre trabaja. Tiene que estar mucho tiempo con Amanda. Tiene que conocerla muy bien.

- Bueno hijo, ¿qué tal tu mañana?

- Bueno… bien. Hoy me trajo Ami porque mamá tenía que entrar antes al trabajo.

- ¿Ami? - Es así como llama a Amanda, claro.

- Sí, Ami, es mi canguro. Me viene a buscar al cole cuando mamá no puede. Hoy me preguntó por ti.

 

¿Que le preguntó por mí? ¿Quién? ¿Amanda? Joder, claro, Ami es Amanda. Pero… ¿por qué le va a preguntar por mí? ¿Se acordará de mí? Porque si se acuerda no creo que sea nada bueno… Puedo recordar el OLVIDALO, lo veo siempre que cierro los ojos antes de acostarme… Bueno, no puedo parecer nervioso.

- ¿Por mí? ¿Y qué te dijo? - quedó bien, es una pregunta normal… sin ansias.

- Nada, que quien eras, y le dije que mi padre. Me dijo que le sonabas de algo. - Vaya tela, ahora le sueno…

- ¿De qué?

- No sé, solo me dijo eso. Oye papá, vamos a la tienda de chuches que hay aquí, ¿vale? Cómprame algo. Hay unos chicles con unas pegatinas de… - Me levanto pensando en si Amanda puede recordarme de aquella vez que intenté hablar con ella en su portal…

De todos modos, supongo que volveré a verla.

 

 

Posted by iña at 20:20:09 | Permalink | No Comments »