31/10/2007

Capítulo 10

(Pongo seguidos los tres últimos capítulos. Espero que os guste)


10



No sé si son celos o qué, pero ahora mi ex mujer me mira con más odio que nunca. Pero realmente me importa un carajo. Lo único que me importa ahora es Amanda. Joder, hemos empezado algo, ¿no? Lo normal sería que volviéramos a quedar y... no sé... terminarlo.

La cosa es que es ella la que tiene mi teléfono. Yo no sé como encontrarla. No sé todavía ni su piso. No puedo volver a lo de antes, no puedo retroceder, no puedo volver a tener que esperarla en el portal... Tengo que encontrar la manera de contactar con ella.



- Así que te la hiciste, ¿eh, cabrón?

- No, no, estaba mi hijo, sólo... nos besamos y tal.

- Jajaja, y tal dice.... Pero mírate, pareces una cría de 15 años.

Julián se descojona de mi manera de contarle lo de Amanda, pero ¿qué esperaba? Es la mujer de mis sueños. También es verdad que a él nunca le había hablado de ella. Coño, ¿qué le iba a decir? ‘pues sí, ya hace un tiempo que ando obsesionado con una tía a la que no conozco ni quiere verme'. Pero ahora, ahora he triunfado.

- Y bueno, yo le di mi teléfono y el caso es que aún no me ha llamado y...

- Uy, malo.

- Joder, sólo fue hace un par de días o...

- Da igual, nunca le tienes que dar tu teléfono a una mujer - le miro extrañado - bueno, si quieres sí, pero sobretodo tienes que asegurarte de que ella te de el suyo.

- No estaba en situación...

- Mira, las tías son así. Dicen que los tiempos han cambiado pero son de la vieja usanza. Ellas no llaman. Y esto es así.

- Anda, no digas tonterías. La vieja usanza...

- Que sí, joder.

Quedamos callados. ¿Realmente es así? ¿Y si no llama por orgullo? ¿Orgullo? Si me llama lo último que pensaría es que es una arrastrada. Por Dios, ¡estoy que me muero por esa puta llamada! Lo que dice Julián es una completa gilipollez. No tiene ni puta idea, su matrimonio también fracasó.

- Sé que estás pensando que lo que te he dicho es una completa gilipollez. Pero creeme, no puedes arriesgarte. Tienes que hacerte con su número.

- Eres un capullo, ¿cómo coño quieres que haga eso?

- Mi sobrina.

- ¿Qué? ¿Tu sobrina de ocho años va a conseguirme su teléfono?

- Imbécil. Puedo llamar a tu mujer para pedirle el número de Amanda para que cuide de mi sobrina. Es menos sospechoso que lo hagas tú.

El cabrón ha visto muchas películas, pero la verdad es que tiene razón. No es mal plan. Al fin y al cabo... algo tengo que hacer, no voy a dejar de quedar con ella... Hostia, seguro que perdió mi número. Seguro. Tendría que haberme llamado ya, y no lo ha hecho porque perdió mi número. Pues ya esta, Julián me lo consigue y la llamo yo. Fijo que se alegra. Además encontrará muy romántico que me haya preocupado por buscarlo. La tengo en el bote.



Son las tres de la mañana y es el tercer día que no puedo dormir. Mañana es lunes y Amanda no me llamó en todo el fin de semana. Ahora sí que estoy seguro que perdió mi número. Lo debió perder el mismo día que se lo di. Lo normal sería que me hubiera llamado el viernes o el sábado. Son días que seguro no voy a estar con Quique. Y... bueno, ya se sabe, las citas salen mejor en fin de semana.

Debería dejar de darle vueltas a la puta cabeza. Perdió mi número y punto. Vale. Ya esta. Intenta dormir Fredi. Uf... pero es que no es eso lo que no me deja dormir es... la emoción... es... joder, me ha besado, hemos... coño, llevo soñando con esto mucho tiempo...



- ¡Me cago en la puta!

Me he quedado dormido, ¡joder! ¿A qué hora me debí dormir anoche? Estoy seguro de que vi las seis de la mañana...

- ¿Sí?

- Julián.

- Ei, ¿qué tal Alfredito?

- Me he dormido tío.

- ¿Qué?

- Que me acabo de despertar. ¿Tienes el teléfono de Amanda ya?

- Un momento, un momento, ¿me quieres decir que te acabas de despertar ahora? ¿A las doce de la tarde?

- Aún es por la mañana.

- No, es mediodía.

- Bueno, que da igual, lo de Amanda.

- ¿El teléfono? Pues no lo tengo, no. Pensaba pasar a buscarte por el trabajo para ir a comer algo por ahí y llamar delante de ti. Menos mal que me llamaste a tiempo...

- Ah, pues ven a mi casa cuando salgas.

- Fredi, a Márquez no le gusta nada las ausencias injustificadas.

- Tú ven a mi casa.

Colgué. A ver si va a ser ahora mi madre.



Julián no tardó nada en venir. Acabo de abrirle la puerta y me da un papel.

- ¿Y esto?

- Joder, el número de Amanda, pesao.

- Hostia, gracias. Pero ¿no ibas a llamar aquí?

- Me aburría por el camino. ¿Qué me has hecho para comer, cariño?



El cabrón me ha sableado media nevera.

Bueno, a ver. Son las cuatro. Me queda una hora para llamar a Amanda, quedar con ella y pensarme una buena excusa por la que no he ido esta mañana a trabajar. ¿Por dónde empiezo?

- Eh... Hola... ¿Amanda?

- Sí.

- Soy yo.

- ...

- Fredi, el padre de Quique.

- Ah, hola Fredi, ¿cómo estás?

- Bien, bien... ¿y tú?

- Bien también.

- Bien... oye, que... bueno, como no me llamabas, pues... decidí hacerlo yo, jeje... - Dios... soy retrasado.

- Oh...

- Pensé que quizá habías perdido mi número y bueno...

- ¿Te di yo el mío?

- ¿Eh? No, no, me lo tuve que currar para conseguirlo - Ahora que me he oído esto no sé si quedó romántico o desesperado.

- Vaya... pues sí, menos mal, porque yo perdí el tuyo, sí.

- Lo sabía, ¿ves? Si es que tendría que haberlo conseguido antes... ¿Te parece que quedemos esta noche?

- ¿Hoy? Que va, imposible.

- ¿No?

- Tengo cosas que hacer.

- Bueno, quizá pueda... no sé, acompañarte o algo.

- Que va, son cosas de trabajo.

- ¿Vas a quedarte con mi hijo?

- No, no. Organizo espectáculos, en un bar.

- ¿En el ART?

- ¿Perdona?

- Me dijeron... mi mujer me dijo que actuabas en el ART.

- No actúo, organizo los espectáculos. De hecho ahora mismo tengo que irme para allá, esta noche hay mucho trabajo.

Y ya está. Colgó. Colgó sin más. Sin decir nada más. Puedo volver a llamar y decirle que podría ir. Seguro que le hace ilusión. Se le veía nerviosa, seguro que lo de hoy es importante. Lo que voy a hacer es ir y darle una sorpresa. Sí, eso haré, duchita y me voy al ART.



Son casi las 7 y aquí no hay ni Dios. Ni rastro de Amanda. Ni siquiera esta el rubio gilipollas. ¿Esta tía me esta tomando el pelo o qué? Porque me dijo que venía ya para aquí... ¿no? Ay joder, y yo sin ir al trabajo...

Debería llamarla. Aunque no he quedado con ella, no puedo reprocharle nada... Pero quería darle una sorpresa.

- ¿Si?

- Amanda, hola, soy Fredi otra vez, siento ser tan pesado, pero es que quería darte una sorpresa y me pasé por el ART, pero llevo aquí ya un rato y...

- ¿Estás en el ART?

- Sí.

- Vaya, Fredi, lo siento, al final no era allí el trabajo.

- Ah, y ¿dónde estás?

- En otro bar... oye, tengo que dejarte, tengo cosas que hacer.

- ¡Espera! ¿Cuándo podremos quedar?

- Yo te llamo.

Y colgó. Otra vez. En cosa de cuatro horas me ha colgado dos veces. Seca. Sin darme tiempo a decir nada más. Rápida. Sin que pudiera decir una última palabra. Dura.



¿Le pasará algo? ¿El qué? ¿Por qué esta brusquedad? No sé, a lo mejor sólo me estoy emparanoyando y la pobre está realmente estresada por el trabajo... Aunque es difícil de creer que esos monologuchos del rubiales sean muy difíciles de preparar... O quién sabe, quizá esté haciendo otra cosa... preparando un ascenso... Yo qué sé.

Son muchas las horas que llevo pensando en esto... No entiendo a las mujeres. Ni a las personas. ¿Qué puede llevar a alguien a tener un cambio tan brusco de carácter? De la forma en la que tratar a la gente. De la forma en la que tratarme a mí. No puede ser que de repente, de un día para otro todo sea tan diferente. No puede pasar de los besos y las caricias a las malas contestaciones y al no querer verme.

Me gustaría saber qué es lo que piensa, qué hay dentro de su cabeza. Me gustaría que hubiera una ventanita en la frente de cada persona para poder abrirla y mirar dentro. Ver los sentimientos, los pensamientos, los miedos. Encontrar los porqués y las soluciones. ¿Por qué somos incapaces de comunicarnos de una manera... clara?



Otra noche más. Otra noche más en vela pensando en Amanda. Otra mañana más. Otra mañana más que me duermo y no voy al trabajo. Además me desperté ahora... cerca de la una, por el móvil. Número privado, quizá sea ella.

- ¿Amanda?

- No, lo siento Señor Carrillo. Soy Miguel Márquez. Su jefe - Joder, no contaba con esto... de lo único que soy capaz ahora es de cerrar los ojos, llevarme la mano a la cabeza y morderme el labio. No tengo ni una puta excusa - Me preguntaba por qué lleva un par de días sin venir a trabajar.

- Pu... pues verá Señor Márquez... verá... la cosa es que he estado... - de viaje, de funeral, de boda, de aniversario, de cumpleaños, de comunión... poco premeditado - enfermo, y todavía no me encuentro muy bien.

- Ah ¿de veras? ¿Y qué le pasa? - he de reconocer que prefería cuando me tuteaba...

- Nada, es un catarro, pero me dio fuerte - Puta tos falsa de mierda que me está saliendo...

- Ya. Pues espero que ya esté recuperándose.

Otra de esas colgaditas que tanto me dan últimamente. Vamos, que no coló. Pero las otras opciones eran peores... ¿no?

A la mierda. Ya vale Fredi, joder, céntrate, esta tarde vas a trabajar y punto. Coño, tengo 40 años. Tengo putas responsabilidades. No puedo ir detrás de una tía como si fuera un adolescente en celo.



Dios, otra vez el teléfono. Quizá Márquez me quiere dar otra oportunidad...

- Verá Señor Márquez, siento lo de antes pero...

- ¿Fredi?

Esa voz que me ha interrumpido no es la de Márquez. Es...

- ¿Amanda?

- Hola.

- Vaya... hola... qué... ¿qué tal? - ¿Vuelvo a tartamudear?

- Bien. ¿Te apetece quedar?

Definitivamente, es imposible entender a las mujeres.

Posted by iña at 13:01:03 | Permanent Link | Comments (0) |
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