31/10/2007

Capítulo 11

11

Primero mi jefe para que fuera a trabajar y ahora Amanda para quedar con ella. ¿Qué le pasa al mundo? ¿O sólo soy yo? ¿O el mundo que me rodea? El puto mundo que me rodea... ¿Estoy en una espiral sin salida o simplemente son un jodido gafe? ¿Qué hago ahora? Quedar con la mujer de mi vida o ir a trabajar para evitar mi despido. No puedo dejar pasar esta oportunidad, Amanda me ha llamado a mí. Ahora es ella la que está interesada. No puedo decirle que no... ¿y si piensa que no me interesa? Aunque bueno, ella ayer me dio plantón por su trabajo, quizá comprenda que haga yo lo mismo...

- Me encantaría Amanda... pero tengo trabajo...

- ¿Por la tarde?

- Sí.

- No te preocupes, podemos quedar por la noche - Joder, ¿es cojonuda o no? - Conozco un sitio - Seguro que me quiere llevar a algún nuevo restaurante dónde hagan cocina exótica - Tu casa.

Vaya, eso... está mejor. Acepté entre balbuceos. No sé, a ella se le ve tan segura, tan dispuesta, tan... tranquila. Para mí esto es mucho más que una cita. Es una cita con Amanda. Y por la noche... en mi casa... visto lo que pasó la semana pasada hoy... hoy toca.



Me iba a acostar con ella. Está claro. Ya somos mayorcitos, no creo que quiera venir a mi casa para cenar y ver una película. Además, es muy directa. Quiere sexo. Y quiere buen sexo. Aquí es donde tenemos el problema, Fredi, ¿te portarás? Joder... hace ni me acuerdo que no tengo sexo. Seguro que la cago. Los nervios. La emoción. Seguro que quedo como un gilipollas. Es demasiada presión... tengo... necesito... calma.

- Julián, tengo un problema.

- Y tanto que tienes un problema - su voz detrás del teléfono parecía cabreada, ¿por qué? - Te han despedido.

Solo pude guardar un largo silencio. ¿Despedido? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? Y lo más importante, ¿Por qué lo sabía Julián y yo no?

- Me he encontrado con Miguel esta mañana y me lo ha dicho. Que había hablado contigo y no le habías puesto ningún interés. Como si te importara tres cojones ir a trabajar o no.

- ¿Qué? ¡No! Pero joder... a ver, llevo unos días regular y...

- Fredi, él te cogió porque eras amigo mío. Pero tenía a otro tipo más cualificado para el puesto, y vio que no le había merecido la pena contratarte. Así que llamó al otro.

- ¡Pero si solo he faltado dos días!

- Te dije como era, Fredi, te lo dije. Y aún con todo, hoy tampoco fuiste.

- Mira tío, lo único que necesito ahora es que me des el sermón.

- Lo siento, no quería dártelo. Pero es lo que me dijo. Intenté que rectificara. Pero el tío es muy serio y no se anda con gilipolleces en su empresa.

- Hijo de puta...

- Lo siento, Fredi.

- ¿Y piensa decírmelo? Porque hoy supuestamente tengo que ir a trabajar, por la tarde. ¿Tengo que ir o no?

- Me dijo que te llamaría.

- ¿Pues sabes qué? Por mí que no llame. No voy a ir esta tarde, ¿para qué? Si me va a despedir. Y tampoco quiero oír la mierda de "estás despedido" Porque ya lo he oído más veces. Así que si lo vuelves a ver, dile que no me llame. Que entendido.



Le cuelgo. Lo siento por Julián. No tiene la culpa y le he gritado. Pero es que... ¿De qué cojones va ese puto Márquez? Joder, va de amiguito y es un grandísimo hijo de puta. Coño, que sólo falté dos días, joder. ¿Y si llego a estar malo de verdad, qué? Madre mía... ¿Es eso denunciable? Podría preguntárselo a mi hermano... quizá pueda denunciarlo... Voy a volver a llamar a Julián.

- Oye, siento haberte gritado, tú no tienes la culpa.

- Tranquilo, es normal que reacciones así. Lo que me parece raro es que no te haya llamado él aún.

- Bueno, como ya te dije, que no lo haga.

- Hombre, digo yo que tendrá que hacerlo...

- ¿Es denunciable?

- ¿Qué?

- Que a lo mejor puedo denunciarle por despido improcedente.

- Fredi... no te metas en más barullos.

- Coño, necesito un trabajo. Bueno, da igual, hablaré con mi hermano. Te llamaba para pedirte perdón - y sobre Amanda, que le jodan al trabajo, es la única que importa ahora - ¿podemos cambiar de tema?

- Claro.

- Pues centrémonos en Amanda.

- ¿Qué le pasa?

- Quiere quedar conmigo esta noche.

- Oh muchacho, eso suena muy bien.



Estuve hablando largo y tendido con Julián de nuestra época de tirarnos a todo lo que se meneaba y de cómo rememorarla esta noche con Amanda. No tengo porque estar tan nervioso. Lo haré bien. Lo hacía bien.

Por cierto, es casi la hora de entrar al curro por la tarde y aún no sé nada de mi jefe, claro que sí. A menos cinco sonó el teléfono.

- Hola Carrillo, ¿piensas venir a trabajar esta tarde?

- Pues mire Señor Márquez, creo que no. - iba a esperar a ver qué decía, pero decidí que no tenía tiempo - Ya me informó Julián de mi despido.

- ¿Julián?

- Sí. Muy ético por su parte dejar que me enterara así

Y cuelgo. Hoy soy yo el que cuelga.



Una vez acabado el trabajo me centré en Amanda. Quedan menos de diez minutos para que llegue y yo ya llevo más de una hora esperando. Hoy decidí ponerme algo más informal y cómodo, unos vaqueros y una camiseta negra que solía llevar en mis buenos tiempos. Aún me sienta bien. Aunque lo bueno sería que no nos durara mucho la ropa puesta...

De cenar pues... tuve que pedirla, ¿qué iba a hacer, joder? Ni sé cocinar ni tengo comida aquí. Tampoco voy a decirle que lo he hecho yo. Es lo que se suele hacer en estos casos, ¿no? Pedir la comida a domicilio. No creo que espere que cocine yo... ¿o sí? Ay dios mío, no voy a dejar de darle vueltas a la puta cabeza hasta que no se despierte mañana conmigo.

Por fin el timbre. Me pongo en pie de un salto. Me arreglo. Carraspeo. Me miro al espejo de la entrada. Respiro un par de veces. Pongo una de mis mejores sonrisas y abro.

- Hola, Amanda.

Ella me sonrío. Estaba impresionante. Vestido azul oscuro por la rodilla. Media manga y con un hombro al descubierto. Traía una botella de vino.

- Traigo vino, del... 97.

- Seguro que es excelente.

¿Excelente? ¿Cuándo había dicho yo esa palabra? ¿Estaba intentando ser refinado sin darme cuenta? Pues ya puedo parar porque no creo que me salga bien...



Le estoy explicando un poco qué hay de cenar. Ella no está tan cariñosa como la otra vez, no sé, quizá esté nerviosa también. ¿Estaría borracha la otra vez? La verdad es que no lo parecía. Y hoy estuvo muy interesada en quedar. Vamos, Fredi, deja de rayarte. Está contigo. Está en tu casa. Con que céntrate en ella.

- Bueno, pues cuando quieras empezamos.

Ella asintió y se sentó en la silla. Francamente hubiera preferido que se hubiera lanzado sobre mí en vez de sobre la comida. Pero era mucho pedir.

La cena trascurrió bien. Charlamos, reímos, bebimos... Al acabar de cenar yo no sabía cómo continuar. Pero ella parece que lo tiene muy claro...

- ¿Vemos una película? He traído un DVD.

¿Película? ¿Cómo que película? ¿Para qué? Si quería ver una película hubiera quedado mejor una cita en plan restaurante y cine... ¿Para ver una película quería venir a mi casa? Además, no tengo DVD.

- Bueno... es que no tengo DVD.

- ¿No? Vaya... - debe pensar que soy un jodido pringado sin un maldito reproductor de DVD - ¿Ni ordenador?

Niego con la cabeza. Me mira con desilusión. ¿La beso ya? ¿Va a hacerlo ella? Joder... voy a servirme otra copa. Le pongo otra a ella. A ver si se pone contentilla...

- Me apetecía ver una película... - Joder con la peliculita...

- Bueno... tengo video.

- ¿Si? ¿Y algo para ver?

- Pues a ver - No sé ni lo que tengo, voy a revisar - Pues... un par de videos de fútbol, otros tantos de los Monty Python... Tres películas de dibujos de Quique... A ver por aquí detrás... Anda mira, aquí tengo un par de películas: Seven y Pulp Fiction, me las regaló Julián el año pasado.

- Vi Seven, pero la otra no.

- ¿No has visto Pulp Fiction?

- Hace tiempo que quiero verla.

Y tanto tiempo... Mi primera reacción fue de sorpresa, pero estoy pensando que puede estar bien. Tendremos mucho tiempo para hacer de todo. Y enseñar buenas películas es algo que se me da bien.



Cuando Vincent y Jules comenzaron a hablar sobre lo que no había que hacerle a la mujer de Marcelus Wallace, supe por dónde iba a empezar nuestra noche...
Posted by iña at 12:59:28 | Permanent Link | Comments (0) |
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