Capítulo 12 (Último)
12
Acabo de despertar. Sin alarmas, sin agobios, sin prisas y con una increíble sensación de bienestar. Ella está aquí, a mi lado. Acabo de despertar en mi cama con Amanda al lado y me doy cuenta que sólo habíamos dormido y que me da igual. Exacto, no habíamos hecho nada. Sólo dormir. Dormir juntos. Al acabar la película quedó tan fascinada que estuvimos hablando un rato de ella. Luego le entró el sueño, me dijo que por las copas de vino. Así que le dejé una camiseta y la acosté. Fui al baño y cuando volví ya se había dormido. Así que me eché a su lado, la abracé e intenté dormir. Me costó muchísimo, prefería mirar su forma de respirar, la manera en que su pelo había quedado sobre la almohada y lo bien que le quedaba mi camiseta de Led Zeppelin.
La verdad es que cuando fui al baño anoche tenía totalmente claro que lo íbamos a hacer. Estuve pensando y pensando. Había llegado el momento y estaba encantado. Es una manera fina de describir que estaba salidísimo y bueno... eso, con muchas ganas. Pero al volver y verla durmiendo se me pasó. Hostia, realmente estoy enamorado. Mira la de tiempo que llevo sin estar con una mujer, pero no me importó. Sé que habrá más ocasiones, y que esto puede llegar a ser algo de verdad. Algo que realmente valga la pena. Algo que no acabe en divorcio.
Y ahora mírala, sigue dormida. Preciosa. Bueno... ahora que pienso... quizá pasé ahora. En fin, yo ya no tengo trabajo. No tengo nada que hacer. Y ella parece que tampoco. Y bueno... siempre sienta bien un polvo matutino. Parece que se despierta...
- Buenos días, Amanda.
- Hola...
- ¿Qué tal has dormido?
- Muy bien. ¿Qué hora es?
- A ver... ¡coño! Pero si sólo son las nueve menos cuarto... Joder, pensé que era mucho más tarde... Puedes dormir más si quieres.
- ¿No tienes que ir a trabajar?
- No, no... - ¿Sin DVD y sin trabajo? Ni hablar - Hoy... hoy no, me lo dieron libre.
- Ah... - aún está medio dormida. Qué mona.
- ¿Y tú?
- Más tarde.
Volvió a cerrar los ojos. Pero yo sé que no va a volver a dormirse. Por lo menos yo no puedo. Joder, para un día que no tengo que madrugar me despierto sin querer a la hora. Putas ironías de la vida. Estoy pensando que lo de montárnoslo ahora tiene cada vez más sentido...
- Oye... me lo pasé muy bien anoche - buena frase para empezar, acompañada de caricia.
- Y yo... Me alegro de haber venido.
- Sí, yo también. Muchísimo. De verdad, hace mucho que no estaba tan bien con alguien...
Nos miramos fijamente. Hay un nada incómodo silencio. Yo la acaricio. Ella me mira. Silencio. Sólo se oye nuestras respiraciones y el ruido del ascensor, que en ese momento se movió y fue como un detonante para que Amanda se lanzara. Se me echó encima apasionadamente con un acojonante beso. No sé cómo reaccionar. Sabía que esto iba a pasar, pero ahora que está pasando... No me lo creo. Comienza a quitarme la camisa. Yo voy a quitarle la de los Zeppelin, por muy bien que le quede. Es el momento. El puto momento en el que suena el timbre.
- Están llamando a tu puerta - dice entre susurros, gemidos y besos.
- Ya pararán.
Ahora voy a abrir la puerta, no te jode. Otro timbrazo. Otro. El cuarto ya es muy largo. Y el quinto infinito.
- Yo así no puedo.
- ¡Joder!
Me levanto con una mala hostia del copón. ¿Quién cojones está estropeando el mejor momento de mi vida? Abro. ¡Me cago en la puta! Pues quién coño iba a ser. La zorra que lleva jodiéndome la vida más de medio año.
- ¿Qué coño haces durmiendo aún? ¿No tienes trabajo?
- ¿Y a ti qué cojones te importa, Victoria?
Me mira con asco y desconcierto. De arriba a bajo. Y se detiene en la zona. En dónde comenzó mi amor por Amanda. Y en donde estaba a punto de continuar. Y me miró con más asco.
- ¿Has tenido algún tipo de sueño raro o es que te estabas tocando?
En ese momento aparece Amanda por mi espalda. En cuanto Victoria la vio le cambió totalmente la cara. No sabría describir exactamente qué tipo de expresión es la que había en su rostro, pero desde luego no era de felicidad. No sabe ni qué decir. Yo creo que no sabe si gritarme, pegarme o largarse. Pero después de la charlita del otro día creo lo que va a hacer es gritarme. Este sí que es un silencio incómodo.
- ¿Sabías que iba a venir, verdad puta?
- Pues no, ¿lo sabías tú cuando te tiraste a Diego? - la voz de Amanda sonó rara... amenazante, con odio. Una faceta que no le conocía.
Un momento, un momento. Necesito que se pare un momento el tiempo para analizar esta situación. ¿Puta? ¿Diego? ¿Qué... qué mierda es este rollo? Las miro a las dos esperando una explicación. No sé ni lo que hacer. Las dos se miran con odio. Victoria parece que vaya a saltar en su ataque, y Amanda tiene un gesto airado, de chulería y amenaza. Nunca la había visto así y no sé si me gusta. Siguen mirándose con odio y yo no tengo ni puta idea de lo que está pasando aquí.
- ¿Qué cojones estáis diciendo?
- Vamos Amanda, cuéntale. Cuéntale a mi ex marido por qué estás en su cama. Cuéntale al ingenuo de mi ex marido por qué coño estás precisamente hoy en su cama.
Cada vez me está gustando menos esta situación. Miro a Amanda pidiendo una explicación, pero... quizá no la necesite... no, no, esto se lo tiene que estar inventando mi ex mujer, para que dude de Amanda. No puede soportar que estemos juntos porque no puede soportar que sea feliz.
- Mira Victoria, estoy hasta los cojones de tus gilipolleces. Siento mucho que me odies y que intentes joderme por todos los medios, pero esto no tiene nada que ver contigo. Así que vete a tomar por culo.
- Pero qué ingenuo eres, Fredi. Qué ingenuo y que subnormal. ¿Realmente crees que esta mujer te quiere? ¿Realmente crees que esta mujer quiere estar en tu cama?
- Pues lo está.
- ¿A sí? ¿Y crees que es por amor, eh, Amanda? ¿Es por amor?
- Cállate - Amanda sigue con el mismo tono odio-amenaza.
- Cuéntaselo, joder, cuéntale cómo tú pasaste por esto.
Amanda está pasando del estado de superioridad al de nerviosismo y debilidad. Si realmente tiene que confesar algo, a Victoria no se le va a escapar.
- Venga, Amanda. Cuéntale como estás con él sólo para vengarte de mí.
- ¿Vengarte de ella? - ahora sí que intervengo yo - Di algo Amanda, por dios...
- ¡La zorra de tu ex mujer se tiró a mi marido! - No. No me lo puedo creer - Lo siento Fredi...
Al verme de repente envuelto en un rollo venganza entre mujeres se me vino todo encima. No sé si estoy a punto de desmayarme, echarme a reír, a llorar o matarlas a las dos. Me siento lentamente en una silla. Ellas se ponen a explicármelo entre gritos, insultos, amenazas y demás lindezas con las que se obsequian. Pero a mí no me importa. No quiero oír más. No quiero saber que el tío con el que me engañó mi ex se llama Diego. No quiero oír que Diego era el marido de Amanda. No quiero oír que Amanda les pilló poco después que yo. No quiero oír que Amanda sabía que esta mañana Victoria iba a venir a traerme a Quique y quería que nos pillara. No quiero oír que Amanda sólo me ha utilizado para que pasara por lo mismo. No quiero oír como Victoria se ríe de Amanda diciéndole lo poco que le importo. Y no quiero oír el portazo que dio Amanda al salir de mi casa. Con el que supe que jamás volvería a saber de ella.
Mi ex mujer sigue aquí. Está alterada.
- Te dije que no te liaras con ella - ¿Me está compadeciendo? - Lo siento, pero sabía que esto iba a pasar - No tengo ganas de decir nada - Mira, venía a traerte a Quique y al coche, están abajo. Pero ¿sabes? No importa, ya me ocupo yo.
Y se marchó. La primera vez que me deja el coche en más de medio año y tenía que ser justamente hoy. Menos mal que por esa misma razón también fue la primera vez que me hijo no subió hasta aquí y esperó abajo. En el coche. En mi coche. En mi ex coche.
Y yo sigo en esta silla. Con la mirada perdida. Destrozado. Acabo de llevarme el peor palo de mi vida. Me había enamorado y me habían destrozado. Otra vez. Los últimos meses he vivido prácticamente gracias a ella. Pensando en ella. Me quedé sin mujer, sin casa, sin coche, sin trabajo. Sin nada. Pero la tenía a ella. Aunque no la tuviera físicamente, sabía que estaba ahí, que existía. Con eso me valía. Con eso podía despertarme cada mañana. Tenía algo en lo que pensar. Algo por lo que luchar. Y poco a poco fui viendo como estaba más y más cerca. Cómo la iba conociendo, cómo me iba sonriendo, y cómo le iba gustando. Pero era mentira. Era una puta fantasía. No era realidad. Teatro. Sólo se acercó a mí cuando supo quién era. Cuando supo de quién era ex marido.
No me gusta generalizar, pero en este momento no sé ni por qué debería de seguir viviendo. Pero es acojonante el saber lo cabronas que pueden ser las mujeres entre ellas... Incluso más acojonante que pensar que ahora estoy peor que al principio.
Acabo de despertar. Sin alarmas, sin agobios, sin prisas y con una increíble sensación de bienestar. Ella está aquí, a mi lado. Acabo de despertar en mi cama con Amanda al lado y me doy cuenta que sólo habíamos dormido y que me da igual. Exacto, no habíamos hecho nada. Sólo dormir. Dormir juntos. Al acabar la película quedó tan fascinada que estuvimos hablando un rato de ella. Luego le entró el sueño, me dijo que por las copas de vino. Así que le dejé una camiseta y la acosté. Fui al baño y cuando volví ya se había dormido. Así que me eché a su lado, la abracé e intenté dormir. Me costó muchísimo, prefería mirar su forma de respirar, la manera en que su pelo había quedado sobre la almohada y lo bien que le quedaba mi camiseta de Led Zeppelin.
La verdad es que cuando fui al baño anoche tenía totalmente claro que lo íbamos a hacer. Estuve pensando y pensando. Había llegado el momento y estaba encantado. Es una manera fina de describir que estaba salidísimo y bueno... eso, con muchas ganas. Pero al volver y verla durmiendo se me pasó. Hostia, realmente estoy enamorado. Mira la de tiempo que llevo sin estar con una mujer, pero no me importó. Sé que habrá más ocasiones, y que esto puede llegar a ser algo de verdad. Algo que realmente valga la pena. Algo que no acabe en divorcio.
Y ahora mírala, sigue dormida. Preciosa. Bueno... ahora que pienso... quizá pasé ahora. En fin, yo ya no tengo trabajo. No tengo nada que hacer. Y ella parece que tampoco. Y bueno... siempre sienta bien un polvo matutino. Parece que se despierta...
- Buenos días, Amanda.
- Hola...
- ¿Qué tal has dormido?
- Muy bien. ¿Qué hora es?
- A ver... ¡coño! Pero si sólo son las nueve menos cuarto... Joder, pensé que era mucho más tarde... Puedes dormir más si quieres.
- ¿No tienes que ir a trabajar?
- No, no... - ¿Sin DVD y sin trabajo? Ni hablar - Hoy... hoy no, me lo dieron libre.
- Ah... - aún está medio dormida. Qué mona.
- ¿Y tú?
- Más tarde.
Volvió a cerrar los ojos. Pero yo sé que no va a volver a dormirse. Por lo menos yo no puedo. Joder, para un día que no tengo que madrugar me despierto sin querer a la hora. Putas ironías de la vida. Estoy pensando que lo de montárnoslo ahora tiene cada vez más sentido...
- Oye... me lo pasé muy bien anoche - buena frase para empezar, acompañada de caricia.
- Y yo... Me alegro de haber venido.
- Sí, yo también. Muchísimo. De verdad, hace mucho que no estaba tan bien con alguien...
Nos miramos fijamente. Hay un nada incómodo silencio. Yo la acaricio. Ella me mira. Silencio. Sólo se oye nuestras respiraciones y el ruido del ascensor, que en ese momento se movió y fue como un detonante para que Amanda se lanzara. Se me echó encima apasionadamente con un acojonante beso. No sé cómo reaccionar. Sabía que esto iba a pasar, pero ahora que está pasando... No me lo creo. Comienza a quitarme la camisa. Yo voy a quitarle la de los Zeppelin, por muy bien que le quede. Es el momento. El puto momento en el que suena el timbre.
- Están llamando a tu puerta - dice entre susurros, gemidos y besos.
- Ya pararán.
Ahora voy a abrir la puerta, no te jode. Otro timbrazo. Otro. El cuarto ya es muy largo. Y el quinto infinito.
- Yo así no puedo.
- ¡Joder!
Me levanto con una mala hostia del copón. ¿Quién cojones está estropeando el mejor momento de mi vida? Abro. ¡Me cago en la puta! Pues quién coño iba a ser. La zorra que lleva jodiéndome la vida más de medio año.
- ¿Qué coño haces durmiendo aún? ¿No tienes trabajo?
- ¿Y a ti qué cojones te importa, Victoria?
Me mira con asco y desconcierto. De arriba a bajo. Y se detiene en la zona. En dónde comenzó mi amor por Amanda. Y en donde estaba a punto de continuar. Y me miró con más asco.
- ¿Has tenido algún tipo de sueño raro o es que te estabas tocando?
En ese momento aparece Amanda por mi espalda. En cuanto Victoria la vio le cambió totalmente la cara. No sabría describir exactamente qué tipo de expresión es la que había en su rostro, pero desde luego no era de felicidad. No sabe ni qué decir. Yo creo que no sabe si gritarme, pegarme o largarse. Pero después de la charlita del otro día creo lo que va a hacer es gritarme. Este sí que es un silencio incómodo.
- ¿Sabías que iba a venir, verdad puta?
- Pues no, ¿lo sabías tú cuando te tiraste a Diego? - la voz de Amanda sonó rara... amenazante, con odio. Una faceta que no le conocía.
Un momento, un momento. Necesito que se pare un momento el tiempo para analizar esta situación. ¿Puta? ¿Diego? ¿Qué... qué mierda es este rollo? Las miro a las dos esperando una explicación. No sé ni lo que hacer. Las dos se miran con odio. Victoria parece que vaya a saltar en su ataque, y Amanda tiene un gesto airado, de chulería y amenaza. Nunca la había visto así y no sé si me gusta. Siguen mirándose con odio y yo no tengo ni puta idea de lo que está pasando aquí.
- ¿Qué cojones estáis diciendo?
- Vamos Amanda, cuéntale. Cuéntale a mi ex marido por qué estás en su cama. Cuéntale al ingenuo de mi ex marido por qué coño estás precisamente hoy en su cama.
Cada vez me está gustando menos esta situación. Miro a Amanda pidiendo una explicación, pero... quizá no la necesite... no, no, esto se lo tiene que estar inventando mi ex mujer, para que dude de Amanda. No puede soportar que estemos juntos porque no puede soportar que sea feliz.
- Mira Victoria, estoy hasta los cojones de tus gilipolleces. Siento mucho que me odies y que intentes joderme por todos los medios, pero esto no tiene nada que ver contigo. Así que vete a tomar por culo.
- Pero qué ingenuo eres, Fredi. Qué ingenuo y que subnormal. ¿Realmente crees que esta mujer te quiere? ¿Realmente crees que esta mujer quiere estar en tu cama?
- Pues lo está.
- ¿A sí? ¿Y crees que es por amor, eh, Amanda? ¿Es por amor?
- Cállate - Amanda sigue con el mismo tono odio-amenaza.
- Cuéntaselo, joder, cuéntale cómo tú pasaste por esto.
Amanda está pasando del estado de superioridad al de nerviosismo y debilidad. Si realmente tiene que confesar algo, a Victoria no se le va a escapar.
- Venga, Amanda. Cuéntale como estás con él sólo para vengarte de mí.
- ¿Vengarte de ella? - ahora sí que intervengo yo - Di algo Amanda, por dios...
- ¡La zorra de tu ex mujer se tiró a mi marido! - No. No me lo puedo creer - Lo siento Fredi...
Al verme de repente envuelto en un rollo venganza entre mujeres se me vino todo encima. No sé si estoy a punto de desmayarme, echarme a reír, a llorar o matarlas a las dos. Me siento lentamente en una silla. Ellas se ponen a explicármelo entre gritos, insultos, amenazas y demás lindezas con las que se obsequian. Pero a mí no me importa. No quiero oír más. No quiero saber que el tío con el que me engañó mi ex se llama Diego. No quiero oír que Diego era el marido de Amanda. No quiero oír que Amanda les pilló poco después que yo. No quiero oír que Amanda sabía que esta mañana Victoria iba a venir a traerme a Quique y quería que nos pillara. No quiero oír que Amanda sólo me ha utilizado para que pasara por lo mismo. No quiero oír como Victoria se ríe de Amanda diciéndole lo poco que le importo. Y no quiero oír el portazo que dio Amanda al salir de mi casa. Con el que supe que jamás volvería a saber de ella.
Mi ex mujer sigue aquí. Está alterada.
- Te dije que no te liaras con ella - ¿Me está compadeciendo? - Lo siento, pero sabía que esto iba a pasar - No tengo ganas de decir nada - Mira, venía a traerte a Quique y al coche, están abajo. Pero ¿sabes? No importa, ya me ocupo yo.
Y se marchó. La primera vez que me deja el coche en más de medio año y tenía que ser justamente hoy. Menos mal que por esa misma razón también fue la primera vez que me hijo no subió hasta aquí y esperó abajo. En el coche. En mi coche. En mi ex coche.
Y yo sigo en esta silla. Con la mirada perdida. Destrozado. Acabo de llevarme el peor palo de mi vida. Me había enamorado y me habían destrozado. Otra vez. Los últimos meses he vivido prácticamente gracias a ella. Pensando en ella. Me quedé sin mujer, sin casa, sin coche, sin trabajo. Sin nada. Pero la tenía a ella. Aunque no la tuviera físicamente, sabía que estaba ahí, que existía. Con eso me valía. Con eso podía despertarme cada mañana. Tenía algo en lo que pensar. Algo por lo que luchar. Y poco a poco fui viendo como estaba más y más cerca. Cómo la iba conociendo, cómo me iba sonriendo, y cómo le iba gustando. Pero era mentira. Era una puta fantasía. No era realidad. Teatro. Sólo se acercó a mí cuando supo quién era. Cuando supo de quién era ex marido.
No me gusta generalizar, pero en este momento no sé ni por qué debería de seguir viviendo. Pero es acojonante el saber lo cabronas que pueden ser las mujeres entre ellas... Incluso más acojonante que pensar que ahora estoy peor que al principio.


Muy entretenido el relato, parece que tenemos una joven promesa oscense en el mundo literario.
Guillermo. (Comment this)