07/09/2007

Capítulo 9

9

 

Era ella. Ella. Amanda. En mi puerta. En mi casa. En mi rellano. Con gesto de enfado se apoya en el marco de la puerta. No sé qué hacer... ¿qué hago? ¿qué le digo? Se ha acordado de mí, sabe quién soy y sabe la estupidez que cometí hace no mucho de intentar quedar con ella a través de una jodida nota. ¿Me voy a quedar mucho tiempo más con esta cara de gilipollas?

- ¿Te vas a quedar mucho tiempo más con esa cara de gilipollas?

- Em... am... bueno... yo... ¿qué?

Mierda, mierda, ¿qué cojones estoy haciendo? Joder, ahora que iban las cosas bien va y se acuerda de mí. Es que manda cojones también con las tías...

Sigue con esa mirada. Me mira de arriba a bajo. Yo debo tener la misma cara. No sé qué hostias decirle. Ni siquiera sé ya cuál era la pregunta.

 

Antes de que pueda reaccionar me coge de la camisa, me saca fuera de casa y... ¿me besa? Un momento, ¿me esta besando? ¿Amanda me está besando? No me lo puedo creer. Pero es cierto. Ahora entiendo esa mierda de que los mejores momentos son los que no esperas. Si hubiera quedado con ella hace tiempo... ¿hubiera sido lo mismo? ¿Me hubiera pillado tan desprevenido? ¿Hubiera sido mejor que ahora? Seguro que no. Sin duda este es el mejor beso de mi vida. El tacto de sus labios es más perfecto de lo que imaginé. El roce de su lengua es tan... Dios mío... Estoy en una nube...

- Perdona que pasara de ti de esa manera. Pero tendrás que comprender que no son formas de entrar a una mujer.

Esta nube está tan elevada que ni oye.

- ¿Qué?

- Tenía que conocerte mejor.

- Ah...

- De cerca no estás nada mal.

 

Si la cosa no se está calentando, soy yo solo. Sus palabras empiezan a ser susurros y yo... yo ni siquiera soy capaz de mediar palabra.

Sus manos pasan de acariciarme el pelo a bajar por el pecho. Yo ni siquiera sé donde meterlas. Y como siga bajando... como siga bajando... ay... dios... mío...

¡El puto ascensor! Coño, que oportuno el vecino. Salió del ascensor con zapatillas de ir por casa y nos miró raro. Nosotros nos apartamos ligeramente pero Amanda me seguía tocando. El viejo nos saludó con la cabeza y yo levante la mano con una sonrisa. Una sonrisa de gilipollas, por supuesto, porque aún no sabía qué estaba pasando exactamente. Cuando mi vecino entró en su casa Amanda volvió a la carga con sus susurros terriblemente sensuales.

- ¿Por qué no entramos en tu casa?

- Faltaría más por di... ¡no! No... no, joder. Está mi hijo. Victoria me lo encasquetó sin avisar... va a pasar aquí la noche.

- Vaya...

Dios, Dios, Dios... Amanda me está pidiendo entrar a mi casa. Me está pidiendo entrar a mi casa con susurros. Me está pidiendo entrar a mi casa con su mano en mi... Me está pidiendo entrar a mi casa y no podemos, joder. ¿Por qué no pensé en este tipo de cosas al comprarme un estudio en vez de un piso con dos habitaciones?

- Pero bueno, Quique está durmiendo y no lo despierta ni un huracán, bueno, ya lo sabrás.

- Si... - Me encanta esa nueva sonrisita tímida-cachonda.

- Con que... bueno, eso, puedes entrar si quieres a tomar algo... no sé... podemos charlar en el salón.

- O en el sofá.

Con esa gloriosa frase entró en mi casa.

Si esta escena la hubiese escrito yo, no hubiera quedado mejor.

 

Con que aquí estamos, en el sofá de mi casa. Amanda y yo. Yo y Amanda. La mujer a la que acoso y el perdedor. Tomando unas cervezas. Una cerveza fría que apoyo entre mis piernas para aliviar el... el ambiente.

- Si te digo la verdad esto me ha pillado totalmente de sorpresa. En fin, yo...

- Llevabas un tiempo fijándote en mí.

- Sí... có... ¿Cómo lo sabes?

- La nota...

- Ah, claro, jeje, joder, la nota... - Soy subnormal.

- Tranquilo, no estés nervioso. Sé que no esperabas esto pero... no sé, cuando te vi con Quique vi que no eras un loco persigue-mujeres, sino un tipo que busca que le quieran.

- ¿Tratas así a todos los tipos que buscan que les quieran?

Eso le hizo reír. Me encanta oírla reír. Además de que siempre hay que tener presente la importancia de hacer reír a las mujeres. Victoria se casó conmigo por eso. Yo no sé por qué lo hice con ella. Pensé que había perdido mi vena cómica. Pero... sólo necesitaba a alguien que me quisiera.

 

Pasamos toda la noche hablando, bebiendo y metiéndonos un poco de mano. Fue la noche más increíble de mi vida. Estuve bastante bien. A los cinco minutos ya se me habían pasado los nervios, la vergüenza y el tartamudeo. Hablamos de Quique, de Victoria y de nuestras aficiones. Tenemos algunas cosas en común. Hacía tiempo que no estaba tan bien con una tía. Y sin sexo.

Cuando nos quisimos dar cuenta, nos habíamos quedado dormidos, y el timbre esta sonando como una bocina de barco.

Amanda y yo nos despertamos. Ella se había puesto una de mis camisas y fuimos a abrir la puerta. Ya no me acordaba de Victoria. Cuando abrí y nos vio a los dos se le quedó la misma cara que puse yo cuando abrí a Amanda.

- Pero qué cojones...

- Victoria, no es lo que parece - ¿Por qué dije eso? Quizá porque siempre quise decirlo... Je, me sentí francamente bien.

- ¿Dónde está Quique?

- Está durmiendo, iré a despertarlo.

- No, iré yo. Tú espera aquí - Mira a Amanda con desprecio - Y tú vístete.

Amanda fue a vestirse y yo quedé en la puerta sonriendo mientras asimilaba un poco lo que estaba pasando.

Mi hijo al ver a Amanda se alegró. Se saludaron. El pobre crío no se debió ni enterar de que había dormido aquí.

- Amanda, ¿puedes llevar a Quique al colegio, por favor? Ya que veo que no tienes nada que hacer. Me gustaría hablar con mi ex marido.

- Pero Victoria, no ibas a llevarlo...

- Cállate y siéntate.

- Tranquilo Fredi, ya lo llevo yo. Luego te llamo.

- Ah, luego le llamas, perfecto.

Mi ex cerró la puerta fuertemente detrás de Amanda y mi hijo.

- Pero coño, Victoria, deja que me despida de mi hijo.

Vuelvo a salir de casa. Le dije a Quique que pasara un muy buen día y que muy pronto nos veríamos. A Amanda le di mi teléfono. No lo tenía. A ver cómo me iba a llamar. Espero a que se cierre la puerta del ascensor. Ahora tengo que entrar en casa a soportar el cabreo de mi ex mujer.

 

- ¿Se puede saber en qué coño estabas pensando?

- ¿Qué?

- ¿Cómo que qué? ¿Te parece normal tirarte a la canguro de tu hijo en su presencia?

- Pero Victoria, si no hemos hecho na...

- No quiero saberlo Alfredo.

- ¿Alfredo?

- Sólo quiero que delante del niño te comportes como una persona normal y no como un perro en celo.

- Oye, te repito que no ha pasado nada.

- Me importa una mierda que coño hayáis hecho. Que no vuelva a suceder, joder.

- ¿Estas celosa?

- ¿Celosa? ¿Crees que estoy celosa? Es de tu hijo, de nuestro hijo de quien estamos hablando.

- Ni siquiera se ha enterado de nada.

- Los psiquiatras los vas a pagar tú.

No pude evitar descojonarme.

- ¿Te ríes? ¿Encima te hace gracia?

- Pero Victoria, estás exagerando del copón.

Me miró con una de sus miradas más asesinas. Era la cara que tenía en el juicio de nuestro divorcio. Era la cara con la que ganó mi coche y mi casa. Era la cara con la que la recuerdo siempre. Pero más acentuada.

Se largó sin más. Obsequiándome con uno de sus más ruidosos portazos.

Posted by iña at 03:05:35 | Permanent Link | Comments (2) |
Comentarios
1 - continua pleaseee! muy buena narrativa la tuya mrs. bullet...si señor (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2007/09/24 - 15:32:15
2 - Enhorabuena... he empezado a leer por el capítulo 9 pero al final he encontrado el resto y me los he leído todos de una sentada. Engancha.

Espero que continúes con la historia.
 (Comment this)

Escrito por: Guillermo at 2007/09/25 - 22:51:49
Escribir comentario