31/10/2007

Capítulo 10

(Pongo seguidos los tres últimos capítulos. Espero que os guste)


10



No sé si son celos o qué, pero ahora mi ex mujer me mira con más odio que nunca. Pero realmente me importa un carajo. Lo único que me importa ahora es Amanda. Joder, hemos empezado algo, ¿no? Lo normal sería que volviéramos a quedar y... no sé... terminarlo.

La cosa es que es ella la que tiene mi teléfono. Yo no sé como encontrarla. No sé todavía ni su piso. No puedo volver a lo de antes, no puedo retroceder, no puedo volver a tener que esperarla en el portal... Tengo que encontrar la manera de contactar con ella.



- Así que te la hiciste, ¿eh, cabrón?

- No, no, estaba mi hijo, sólo... nos besamos y tal.

- Jajaja, y tal dice.... Pero mírate, pareces una cría de 15 años.

Julián se descojona de mi manera de contarle lo de Amanda, pero ¿qué esperaba? Es la mujer de mis sueños. También es verdad que a él nunca le había hablado de ella. Coño, ¿qué le iba a decir? ‘pues sí, ya hace un tiempo que ando obsesionado con una tía a la que no conozco ni quiere verme'. Pero ahora, ahora he triunfado.

- Y bueno, yo le di mi teléfono y el caso es que aún no me ha llamado y...

- Uy, malo.

- Joder, sólo fue hace un par de días o...

- Da igual, nunca le tienes que dar tu teléfono a una mujer - le miro extrañado - bueno, si quieres sí, pero sobretodo tienes que asegurarte de que ella te de el suyo.

- No estaba en situación...

- Mira, las tías son así. Dicen que los tiempos han cambiado pero son de la vieja usanza. Ellas no llaman. Y esto es así.

- Anda, no digas tonterías. La vieja usanza...

- Que sí, joder.

Quedamos callados. ¿Realmente es así? ¿Y si no llama por orgullo? ¿Orgullo? Si me llama lo último que pensaría es que es una arrastrada. Por Dios, ¡estoy que me muero por esa puta llamada! Lo que dice Julián es una completa gilipollez. No tiene ni puta idea, su matrimonio también fracasó.

- Sé que estás pensando que lo que te he dicho es una completa gilipollez. Pero creeme, no puedes arriesgarte. Tienes que hacerte con su número.

- Eres un capullo, ¿cómo coño quieres que haga eso?

- Mi sobrina.

- ¿Qué? ¿Tu sobrina de ocho años va a conseguirme su teléfono?

- Imbécil. Puedo llamar a tu mujer para pedirle el número de Amanda para que cuide de mi sobrina. Es menos sospechoso que lo hagas tú.

El cabrón ha visto muchas películas, pero la verdad es que tiene razón. No es mal plan. Al fin y al cabo... algo tengo que hacer, no voy a dejar de quedar con ella... Hostia, seguro que perdió mi número. Seguro. Tendría que haberme llamado ya, y no lo ha hecho porque perdió mi número. Pues ya esta, Julián me lo consigue y la llamo yo. Fijo que se alegra. Además encontrará muy romántico que me haya preocupado por buscarlo. La tengo en el bote.



Son las tres de la mañana y es el tercer día que no puedo dormir. Mañana es lunes y Amanda no me llamó en todo el fin de semana. Ahora sí que estoy seguro que perdió mi número. Lo debió perder el mismo día que se lo di. Lo normal sería que me hubiera llamado el viernes o el sábado. Son días que seguro no voy a estar con Quique. Y... bueno, ya se sabe, las citas salen mejor en fin de semana.

Debería dejar de darle vueltas a la puta cabeza. Perdió mi número y punto. Vale. Ya esta. Intenta dormir Fredi. Uf... pero es que no es eso lo que no me deja dormir es... la emoción... es... joder, me ha besado, hemos... coño, llevo soñando con esto mucho tiempo...



- ¡Me cago en la puta!

Me he quedado dormido, ¡joder! ¿A qué hora me debí dormir anoche? Estoy seguro de que vi las seis de la mañana...

- ¿Sí?

- Julián.

- Ei, ¿qué tal Alfredito?

- Me he dormido tío.

- ¿Qué?

- Que me acabo de despertar. ¿Tienes el teléfono de Amanda ya?

- Un momento, un momento, ¿me quieres decir que te acabas de despertar ahora? ¿A las doce de la tarde?

- Aún es por la mañana.

- No, es mediodía.

- Bueno, que da igual, lo de Amanda.

- ¿El teléfono? Pues no lo tengo, no. Pensaba pasar a buscarte por el trabajo para ir a comer algo por ahí y llamar delante de ti. Menos mal que me llamaste a tiempo...

- Ah, pues ven a mi casa cuando salgas.

- Fredi, a Márquez no le gusta nada las ausencias injustificadas.

- Tú ven a mi casa.

Colgué. A ver si va a ser ahora mi madre.



Julián no tardó nada en venir. Acabo de abrirle la puerta y me da un papel.

- ¿Y esto?

- Joder, el número de Amanda, pesao.

- Hostia, gracias. Pero ¿no ibas a llamar aquí?

- Me aburría por el camino. ¿Qué me has hecho para comer, cariño?



El cabrón me ha sableado media nevera.

Bueno, a ver. Son las cuatro. Me queda una hora para llamar a Amanda, quedar con ella y pensarme una buena excusa por la que no he ido esta mañana a trabajar. ¿Por dónde empiezo?

- Eh... Hola... ¿Amanda?

- Sí.

- Soy yo.

- ...

- Fredi, el padre de Quique.

- Ah, hola Fredi, ¿cómo estás?

- Bien, bien... ¿y tú?

- Bien también.

- Bien... oye, que... bueno, como no me llamabas, pues... decidí hacerlo yo, jeje... - Dios... soy retrasado.

- Oh...

- Pensé que quizá habías perdido mi número y bueno...

- ¿Te di yo el mío?

- ¿Eh? No, no, me lo tuve que currar para conseguirlo - Ahora que me he oído esto no sé si quedó romántico o desesperado.

- Vaya... pues sí, menos mal, porque yo perdí el tuyo, sí.

- Lo sabía, ¿ves? Si es que tendría que haberlo conseguido antes... ¿Te parece que quedemos esta noche?

- ¿Hoy? Que va, imposible.

- ¿No?

- Tengo cosas que hacer.

- Bueno, quizá pueda... no sé, acompañarte o algo.

- Que va, son cosas de trabajo.

- ¿Vas a quedarte con mi hijo?

- No, no. Organizo espectáculos, en un bar.

- ¿En el ART?

- ¿Perdona?

- Me dijeron... mi mujer me dijo que actuabas en el ART.

- No actúo, organizo los espectáculos. De hecho ahora mismo tengo que irme para allá, esta noche hay mucho trabajo.

Y ya está. Colgó. Colgó sin más. Sin decir nada más. Puedo volver a llamar y decirle que podría ir. Seguro que le hace ilusión. Se le veía nerviosa, seguro que lo de hoy es importante. Lo que voy a hacer es ir y darle una sorpresa. Sí, eso haré, duchita y me voy al ART.



Son casi las 7 y aquí no hay ni Dios. Ni rastro de Amanda. Ni siquiera esta el rubio gilipollas. ¿Esta tía me esta tomando el pelo o qué? Porque me dijo que venía ya para aquí... ¿no? Ay joder, y yo sin ir al trabajo...

Debería llamarla. Aunque no he quedado con ella, no puedo reprocharle nada... Pero quería darle una sorpresa.

- ¿Si?

- Amanda, hola, soy Fredi otra vez, siento ser tan pesado, pero es que quería darte una sorpresa y me pasé por el ART, pero llevo aquí ya un rato y...

- ¿Estás en el ART?

- Sí.

- Vaya, Fredi, lo siento, al final no era allí el trabajo.

- Ah, y ¿dónde estás?

- En otro bar... oye, tengo que dejarte, tengo cosas que hacer.

- ¡Espera! ¿Cuándo podremos quedar?

- Yo te llamo.

Y colgó. Otra vez. En cosa de cuatro horas me ha colgado dos veces. Seca. Sin darme tiempo a decir nada más. Rápida. Sin que pudiera decir una última palabra. Dura.



¿Le pasará algo? ¿El qué? ¿Por qué esta brusquedad? No sé, a lo mejor sólo me estoy emparanoyando y la pobre está realmente estresada por el trabajo... Aunque es difícil de creer que esos monologuchos del rubiales sean muy difíciles de preparar... O quién sabe, quizá esté haciendo otra cosa... preparando un ascenso... Yo qué sé.

Son muchas las horas que llevo pensando en esto... No entiendo a las mujeres. Ni a las personas. ¿Qué puede llevar a alguien a tener un cambio tan brusco de carácter? De la forma en la que tratar a la gente. De la forma en la que tratarme a mí. No puede ser que de repente, de un día para otro todo sea tan diferente. No puede pasar de los besos y las caricias a las malas contestaciones y al no querer verme.

Me gustaría saber qué es lo que piensa, qué hay dentro de su cabeza. Me gustaría que hubiera una ventanita en la frente de cada persona para poder abrirla y mirar dentro. Ver los sentimientos, los pensamientos, los miedos. Encontrar los porqués y las soluciones. ¿Por qué somos incapaces de comunicarnos de una manera... clara?



Otra noche más. Otra noche más en vela pensando en Amanda. Otra mañana más. Otra mañana más que me duermo y no voy al trabajo. Además me desperté ahora... cerca de la una, por el móvil. Número privado, quizá sea ella.

- ¿Amanda?

- No, lo siento Señor Carrillo. Soy Miguel Márquez. Su jefe - Joder, no contaba con esto... de lo único que soy capaz ahora es de cerrar los ojos, llevarme la mano a la cabeza y morderme el labio. No tengo ni una puta excusa - Me preguntaba por qué lleva un par de días sin venir a trabajar.

- Pu... pues verá Señor Márquez... verá... la cosa es que he estado... - de viaje, de funeral, de boda, de aniversario, de cumpleaños, de comunión... poco premeditado - enfermo, y todavía no me encuentro muy bien.

- Ah ¿de veras? ¿Y qué le pasa? - he de reconocer que prefería cuando me tuteaba...

- Nada, es un catarro, pero me dio fuerte - Puta tos falsa de mierda que me está saliendo...

- Ya. Pues espero que ya esté recuperándose.

Otra de esas colgaditas que tanto me dan últimamente. Vamos, que no coló. Pero las otras opciones eran peores... ¿no?

A la mierda. Ya vale Fredi, joder, céntrate, esta tarde vas a trabajar y punto. Coño, tengo 40 años. Tengo putas responsabilidades. No puedo ir detrás de una tía como si fuera un adolescente en celo.



Dios, otra vez el teléfono. Quizá Márquez me quiere dar otra oportunidad...

- Verá Señor Márquez, siento lo de antes pero...

- ¿Fredi?

Esa voz que me ha interrumpido no es la de Márquez. Es...

- ¿Amanda?

- Hola.

- Vaya... hola... qué... ¿qué tal? - ¿Vuelvo a tartamudear?

- Bien. ¿Te apetece quedar?

Definitivamente, es imposible entender a las mujeres.

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Capítulo 11

11

Primero mi jefe para que fuera a trabajar y ahora Amanda para quedar con ella. ¿Qué le pasa al mundo? ¿O sólo soy yo? ¿O el mundo que me rodea? El puto mundo que me rodea... ¿Estoy en una espiral sin salida o simplemente son un jodido gafe? ¿Qué hago ahora? Quedar con la mujer de mi vida o ir a trabajar para evitar mi despido. No puedo dejar pasar esta oportunidad, Amanda me ha llamado a mí. Ahora es ella la que está interesada. No puedo decirle que no... ¿y si piensa que no me interesa? Aunque bueno, ella ayer me dio plantón por su trabajo, quizá comprenda que haga yo lo mismo...

- Me encantaría Amanda... pero tengo trabajo...

- ¿Por la tarde?

- Sí.

- No te preocupes, podemos quedar por la noche - Joder, ¿es cojonuda o no? - Conozco un sitio - Seguro que me quiere llevar a algún nuevo restaurante dónde hagan cocina exótica - Tu casa.

Vaya, eso... está mejor. Acepté entre balbuceos. No sé, a ella se le ve tan segura, tan dispuesta, tan... tranquila. Para mí esto es mucho más que una cita. Es una cita con Amanda. Y por la noche... en mi casa... visto lo que pasó la semana pasada hoy... hoy toca.



Me iba a acostar con ella. Está claro. Ya somos mayorcitos, no creo que quiera venir a mi casa para cenar y ver una película. Además, es muy directa. Quiere sexo. Y quiere buen sexo. Aquí es donde tenemos el problema, Fredi, ¿te portarás? Joder... hace ni me acuerdo que no tengo sexo. Seguro que la cago. Los nervios. La emoción. Seguro que quedo como un gilipollas. Es demasiada presión... tengo... necesito... calma.

- Julián, tengo un problema.

- Y tanto que tienes un problema - su voz detrás del teléfono parecía cabreada, ¿por qué? - Te han despedido.

Solo pude guardar un largo silencio. ¿Despedido? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cuándo? Y lo más importante, ¿Por qué lo sabía Julián y yo no?

- Me he encontrado con Miguel esta mañana y me lo ha dicho. Que había hablado contigo y no le habías puesto ningún interés. Como si te importara tres cojones ir a trabajar o no.

- ¿Qué? ¡No! Pero joder... a ver, llevo unos días regular y...

- Fredi, él te cogió porque eras amigo mío. Pero tenía a otro tipo más cualificado para el puesto, y vio que no le había merecido la pena contratarte. Así que llamó al otro.

- ¡Pero si solo he faltado dos días!

- Te dije como era, Fredi, te lo dije. Y aún con todo, hoy tampoco fuiste.

- Mira tío, lo único que necesito ahora es que me des el sermón.

- Lo siento, no quería dártelo. Pero es lo que me dijo. Intenté que rectificara. Pero el tío es muy serio y no se anda con gilipolleces en su empresa.

- Hijo de puta...

- Lo siento, Fredi.

- ¿Y piensa decírmelo? Porque hoy supuestamente tengo que ir a trabajar, por la tarde. ¿Tengo que ir o no?

- Me dijo que te llamaría.

- ¿Pues sabes qué? Por mí que no llame. No voy a ir esta tarde, ¿para qué? Si me va a despedir. Y tampoco quiero oír la mierda de "estás despedido" Porque ya lo he oído más veces. Así que si lo vuelves a ver, dile que no me llame. Que entendido.



Le cuelgo. Lo siento por Julián. No tiene la culpa y le he gritado. Pero es que... ¿De qué cojones va ese puto Márquez? Joder, va de amiguito y es un grandísimo hijo de puta. Coño, que sólo falté dos días, joder. ¿Y si llego a estar malo de verdad, qué? Madre mía... ¿Es eso denunciable? Podría preguntárselo a mi hermano... quizá pueda denunciarlo... Voy a volver a llamar a Julián.

- Oye, siento haberte gritado, tú no tienes la culpa.

- Tranquilo, es normal que reacciones así. Lo que me parece raro es que no te haya llamado él aún.

- Bueno, como ya te dije, que no lo haga.

- Hombre, digo yo que tendrá que hacerlo...

- ¿Es denunciable?

- ¿Qué?

- Que a lo mejor puedo denunciarle por despido improcedente.

- Fredi... no te metas en más barullos.

- Coño, necesito un trabajo. Bueno, da igual, hablaré con mi hermano. Te llamaba para pedirte perdón - y sobre Amanda, que le jodan al trabajo, es la única que importa ahora - ¿podemos cambiar de tema?

- Claro.

- Pues centrémonos en Amanda.

- ¿Qué le pasa?

- Quiere quedar conmigo esta noche.

- Oh muchacho, eso suena muy bien.



Estuve hablando largo y tendido con Julián de nuestra época de tirarnos a todo lo que se meneaba y de cómo rememorarla esta noche con Amanda. No tengo porque estar tan nervioso. Lo haré bien. Lo hacía bien.

Por cierto, es casi la hora de entrar al curro por la tarde y aún no sé nada de mi jefe, claro que sí. A menos cinco sonó el teléfono.

- Hola Carrillo, ¿piensas venir a trabajar esta tarde?

- Pues mire Señor Márquez, creo que no. - iba a esperar a ver qué decía, pero decidí que no tenía tiempo - Ya me informó Julián de mi despido.

- ¿Julián?

- Sí. Muy ético por su parte dejar que me enterara así

Y cuelgo. Hoy soy yo el que cuelga.



Una vez acabado el trabajo me centré en Amanda. Quedan menos de diez minutos para que llegue y yo ya llevo más de una hora esperando. Hoy decidí ponerme algo más informal y cómodo, unos vaqueros y una camiseta negra que solía llevar en mis buenos tiempos. Aún me sienta bien. Aunque lo bueno sería que no nos durara mucho la ropa puesta...

De cenar pues... tuve que pedirla, ¿qué iba a hacer, joder? Ni sé cocinar ni tengo comida aquí. Tampoco voy a decirle que lo he hecho yo. Es lo que se suele hacer en estos casos, ¿no? Pedir la comida a domicilio. No creo que espere que cocine yo... ¿o sí? Ay dios mío, no voy a dejar de darle vueltas a la puta cabeza hasta que no se despierte mañana conmigo.

Por fin el timbre. Me pongo en pie de un salto. Me arreglo. Carraspeo. Me miro al espejo de la entrada. Respiro un par de veces. Pongo una de mis mejores sonrisas y abro.

- Hola, Amanda.

Ella me sonrío. Estaba impresionante. Vestido azul oscuro por la rodilla. Media manga y con un hombro al descubierto. Traía una botella de vino.

- Traigo vino, del... 97.

- Seguro que es excelente.

¿Excelente? ¿Cuándo había dicho yo esa palabra? ¿Estaba intentando ser refinado sin darme cuenta? Pues ya puedo parar porque no creo que me salga bien...



Le estoy explicando un poco qué hay de cenar. Ella no está tan cariñosa como la otra vez, no sé, quizá esté nerviosa también. ¿Estaría borracha la otra vez? La verdad es que no lo parecía. Y hoy estuvo muy interesada en quedar. Vamos, Fredi, deja de rayarte. Está contigo. Está en tu casa. Con que céntrate en ella.

- Bueno, pues cuando quieras empezamos.

Ella asintió y se sentó en la silla. Francamente hubiera preferido que se hubiera lanzado sobre mí en vez de sobre la comida. Pero era mucho pedir.

La cena trascurrió bien. Charlamos, reímos, bebimos... Al acabar de cenar yo no sabía cómo continuar. Pero ella parece que lo tiene muy claro...

- ¿Vemos una película? He traído un DVD.

¿Película? ¿Cómo que película? ¿Para qué? Si quería ver una película hubiera quedado mejor una cita en plan restaurante y cine... ¿Para ver una película quería venir a mi casa? Además, no tengo DVD.

- Bueno... es que no tengo DVD.

- ¿No? Vaya... - debe pensar que soy un jodido pringado sin un maldito reproductor de DVD - ¿Ni ordenador?

Niego con la cabeza. Me mira con desilusión. ¿La beso ya? ¿Va a hacerlo ella? Joder... voy a servirme otra copa. Le pongo otra a ella. A ver si se pone contentilla...

- Me apetecía ver una película... - Joder con la peliculita...

- Bueno... tengo video.

- ¿Si? ¿Y algo para ver?

- Pues a ver - No sé ni lo que tengo, voy a revisar - Pues... un par de videos de fútbol, otros tantos de los Monty Python... Tres películas de dibujos de Quique... A ver por aquí detrás... Anda mira, aquí tengo un par de películas: Seven y Pulp Fiction, me las regaló Julián el año pasado.

- Vi Seven, pero la otra no.

- ¿No has visto Pulp Fiction?

- Hace tiempo que quiero verla.

Y tanto tiempo... Mi primera reacción fue de sorpresa, pero estoy pensando que puede estar bien. Tendremos mucho tiempo para hacer de todo. Y enseñar buenas películas es algo que se me da bien.



Cuando Vincent y Jules comenzaron a hablar sobre lo que no había que hacerle a la mujer de Marcelus Wallace, supe por dónde iba a empezar nuestra noche...
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Capítulo 12 (Último)

12



Acabo de despertar. Sin alarmas, sin agobios, sin prisas y con una increíble sensación de bienestar. Ella está aquí, a mi lado. Acabo de despertar en mi cama con Amanda al lado y me doy cuenta que sólo habíamos dormido y que me da igual. Exacto, no habíamos hecho nada. Sólo dormir. Dormir juntos. Al acabar la película quedó tan fascinada que estuvimos hablando un rato de ella. Luego le entró el sueño, me dijo que por las copas de vino. Así que le dejé una camiseta y la acosté. Fui al baño y cuando volví ya se había dormido. Así que me eché a su lado, la abracé e intenté dormir. Me costó muchísimo, prefería mirar su forma de respirar, la manera en que su pelo había quedado sobre la almohada y lo bien que le quedaba mi camiseta de Led Zeppelin.

La verdad es que cuando fui al baño anoche tenía totalmente claro que lo íbamos a hacer. Estuve pensando y pensando. Había llegado el momento y estaba encantado. Es una manera fina de describir que estaba salidísimo y bueno... eso, con muchas ganas. Pero al volver y verla durmiendo se me pasó. Hostia, realmente estoy enamorado. Mira la de tiempo que llevo sin estar con una mujer, pero no me importó. Sé que habrá más ocasiones, y que esto puede llegar a ser algo de verdad. Algo que realmente valga la pena. Algo que no acabe en divorcio.



Y ahora mírala, sigue dormida. Preciosa. Bueno... ahora que pienso... quizá pasé ahora. En fin, yo ya no tengo trabajo. No tengo nada que hacer. Y ella parece que tampoco. Y bueno... siempre sienta bien un polvo matutino. Parece que se despierta...

- Buenos días, Amanda.

- Hola...

- ¿Qué tal has dormido?

- Muy bien. ¿Qué hora es?

- A ver... ¡coño! Pero si sólo son las nueve menos cuarto... Joder, pensé que era mucho más tarde... Puedes dormir más si quieres.

- ¿No tienes que ir a trabajar?

- No, no... - ¿Sin DVD y sin trabajo? Ni hablar - Hoy... hoy no, me lo dieron libre.

- Ah... - aún está medio dormida. Qué mona.

- ¿Y tú?

- Más tarde.

Volvió a cerrar los ojos. Pero yo sé que no va a volver a dormirse. Por lo menos yo no puedo. Joder, para un día que no tengo que madrugar me despierto sin querer a la hora. Putas ironías de la vida. Estoy pensando que lo de montárnoslo ahora tiene cada vez más sentido...

- Oye... me lo pasé muy bien anoche - buena frase para empezar, acompañada de caricia.

- Y yo... Me alegro de haber venido.

- Sí, yo también. Muchísimo. De verdad, hace mucho que no estaba tan bien con alguien...

Nos miramos fijamente. Hay un nada incómodo silencio. Yo la acaricio. Ella me mira. Silencio. Sólo se oye nuestras respiraciones y el ruido del ascensor, que en ese momento se movió y fue como un detonante para que Amanda se lanzara. Se me echó encima apasionadamente con un acojonante beso. No sé cómo reaccionar. Sabía que esto iba a pasar, pero ahora que está pasando... No me lo creo. Comienza a quitarme la camisa. Yo voy a quitarle la de los Zeppelin, por muy bien que le quede. Es el momento. El puto momento en el que suena el timbre.

- Están llamando a tu puerta - dice entre susurros, gemidos y besos.

- Ya pararán.

Ahora voy a abrir la puerta, no te jode. Otro timbrazo. Otro. El cuarto ya es muy largo. Y el quinto infinito.

- Yo así no puedo.

- ¡Joder!

Me levanto con una mala hostia del copón. ¿Quién cojones está estropeando el mejor momento de mi vida? Abro. ¡Me cago en la puta! Pues quién coño iba a ser. La zorra que lleva jodiéndome la vida más de medio año.

- ¿Qué coño haces durmiendo aún? ¿No tienes trabajo?

- ¿Y a ti qué cojones te importa, Victoria?

Me mira con asco y desconcierto. De arriba a bajo. Y se detiene en la zona. En dónde comenzó mi amor por Amanda. Y en donde estaba a punto de continuar. Y me miró con más asco.

- ¿Has tenido algún tipo de sueño raro o es que te estabas tocando?

En ese momento aparece Amanda por mi espalda. En cuanto Victoria la vio le cambió totalmente la cara. No sabría describir exactamente qué tipo de expresión es la que había en su rostro, pero desde luego no era de felicidad. No sabe ni qué decir. Yo creo que no sabe si gritarme, pegarme o largarse. Pero después de la charlita del otro día creo lo que va a hacer es gritarme. Este sí que es un silencio incómodo.



- ¿Sabías que iba a venir, verdad puta?

- Pues no, ¿lo sabías tú cuando te tiraste a Diego? - la voz de Amanda sonó rara... amenazante, con odio. Una faceta que no le conocía.

Un momento, un momento. Necesito que se pare un momento el tiempo para analizar esta situación. ¿Puta? ¿Diego? ¿Qué... qué mierda es este rollo? Las miro a las dos esperando una explicación. No sé ni lo que hacer. Las dos se miran con odio. Victoria parece que vaya a saltar en su ataque, y Amanda tiene un gesto airado, de chulería y amenaza. Nunca la había visto así y no sé si me gusta. Siguen mirándose con odio y yo no tengo ni puta idea de lo que está pasando aquí.

- ¿Qué cojones estáis diciendo?

- Vamos Amanda, cuéntale. Cuéntale a mi ex marido por qué estás en su cama. Cuéntale al ingenuo de mi ex marido por qué coño estás precisamente hoy en su cama.

Cada vez me está gustando menos esta situación. Miro a Amanda pidiendo una explicación, pero... quizá no la necesite... no, no, esto se lo tiene que estar inventando mi ex mujer, para que dude de Amanda. No puede soportar que estemos juntos porque no puede soportar que sea feliz.

- Mira Victoria, estoy hasta los cojones de tus gilipolleces. Siento mucho que me odies y que intentes joderme por todos los medios, pero esto no tiene nada que ver contigo. Así que vete a tomar por culo.

- Pero qué ingenuo eres, Fredi. Qué ingenuo y que subnormal. ¿Realmente crees que esta mujer te quiere? ¿Realmente crees que esta mujer quiere estar en tu cama?

- Pues lo está.

- ¿A sí? ¿Y crees que es por amor, eh, Amanda? ¿Es por amor?

- Cállate - Amanda sigue con el mismo tono odio-amenaza.

- Cuéntaselo, joder, cuéntale cómo tú pasaste por esto.

Amanda está pasando del estado de superioridad al de nerviosismo y debilidad. Si realmente tiene que confesar algo, a Victoria no se le va a escapar.

- Venga, Amanda. Cuéntale como estás con él sólo para vengarte de mí.

- ¿Vengarte de ella? - ahora sí que intervengo yo - Di algo Amanda, por dios...

- ¡La zorra de tu ex mujer se tiró a mi marido! - No. No me lo puedo creer - Lo siento Fredi...



Al verme de repente envuelto en un rollo venganza entre mujeres se me vino todo encima. No sé si estoy a punto de desmayarme, echarme a reír, a llorar o matarlas a las dos. Me siento lentamente en una silla. Ellas se ponen a explicármelo entre gritos, insultos, amenazas y demás lindezas con las que se obsequian. Pero a mí no me importa. No quiero oír más. No quiero saber que el tío con el que me engañó mi ex se llama Diego. No quiero oír que Diego era el marido de Amanda. No quiero oír que Amanda les pilló poco después que yo. No quiero oír que Amanda sabía que esta mañana Victoria iba a venir a traerme a Quique y quería que nos pillara. No quiero oír que Amanda sólo me ha utilizado para que pasara por lo mismo. No quiero oír como Victoria se ríe de Amanda diciéndole lo poco que le importo. Y no quiero oír el portazo que dio Amanda al salir de mi casa. Con el que supe que jamás volvería a saber de ella.

Mi ex mujer sigue aquí. Está alterada.

- Te dije que no te liaras con ella - ¿Me está compadeciendo? - Lo siento, pero sabía que esto iba a pasar - No tengo ganas de decir nada - Mira, venía a traerte a Quique y al coche, están abajo. Pero ¿sabes? No importa, ya me ocupo yo.

Y se marchó. La primera vez que me deja el coche en más de medio año y tenía que ser justamente hoy. Menos mal que por esa misma razón también fue la primera vez que me hijo no subió hasta aquí y esperó abajo. En el coche. En mi coche. En mi ex coche.



Y yo sigo en esta silla. Con la mirada perdida. Destrozado. Acabo de llevarme el peor palo de mi vida. Me había enamorado y me habían destrozado. Otra vez. Los últimos meses he vivido prácticamente gracias a ella. Pensando en ella. Me quedé sin mujer, sin casa, sin coche, sin trabajo. Sin nada. Pero la tenía a ella. Aunque no la tuviera físicamente, sabía que estaba ahí, que existía. Con eso me valía. Con eso podía despertarme cada mañana. Tenía algo en lo que pensar. Algo por lo que luchar. Y poco a poco fui viendo como estaba más y más cerca. Cómo la iba conociendo, cómo me iba sonriendo, y cómo le iba gustando. Pero era mentira. Era una puta fantasía. No era realidad. Teatro. Sólo se acercó a mí cuando supo quién era. Cuando supo de quién era ex marido.

No me gusta generalizar, pero en este momento no sé ni por qué debería de seguir viviendo. Pero es acojonante el saber lo cabronas que pueden ser las mujeres entre ellas... Incluso más acojonante que pensar que ahora estoy peor que al principio.







Posted by iña at 12:51:59 | Permanent Link | Comments (1) |