Wednesday, May 9, 2007

Capítulo 2

2

 

Hoy cumplo los cuarenta. Los de movistar me mandaron un mensajito al móvil para felicitarme. Es el único mensaje que recibiré en todo el día, y tampoco sirve de mucho porque por correo me recordaron que tengo que pagarles.

 

Fui a comer a casa de mi madre. Todo salió como me esperaba, ni que los diálogos los hubiera escrito yo. Si los números de la primitiva fueran tan previsibles como mi familia, sería millonario. Mira, así podría pagar a movistar. Y comprarme otro coche, claro.

 

Sigo con la carta de la mujer a la que acoso. Es el quinto papel que arrugo y el quinto vaso de ginebra que me sirvo. Suena el móvil, quizá sea la última vez que lo haga. Es Julián, un amigo, dice que está como yo porque también se divorció hace un año, pero eso es mentira, él tiene trabajo, él puede usar su móvil.

- Dime Julián.

- ¡Tío! ¡Felicidades! ¿Pensabas que me iba a olvidar, eh?

- ¿Quién te lo dijo?

- ¿Qué, qué? ¿Me lo tiene que haber dicho alguien? Nos conocemos hace mucho…

Pego un trago. No voy a decir nada.

- Está bien, me lo dijo tu madre, la vi hace un rato, pasó por la tienda.

- Gracias Julián.

- De nada, pero oye, habrá que salir a celebrarlo, ¿no?

Miro al vaso

- Yo ya lo estoy celebrando.

- Venga, a las once te paso a buscar.

- ¿Mañana no trabajas?

- No, he hablado con mi hermano y abrirá él.

 

Colgó con un “Nos vemos campeón”, ¿qué le pasa? Es el único que sabe mi verdad, ¿cómo puede llamarme campeón?

Esta casa es una mierda. Hace más de medio año que vivo aquí y aún hay cajas con cosas por ahí. Es un estudio, la cocina, el salón y el dormitorio son una sólo habitación. A parte, con su puerta, el baño. Estoy en una vieja mesa que da a la ventana. A veces la veo desde aquí… mentira, solo pasó un par de veces, supongo que de casualidad, iría a un sitio diferente al que va habitualmente. ¿Qué sitio será ese? Tengo que empezar a seguirla, si no quiere hablar conmigo tendré que seguirla, tengo que saber a dónde va, que le gusta. Sé a dónde va, ¿por qué me engaño? No sé a dónde va, sólo sé en qué dirección va. Tengo que empezar a seguirla, lo único que hago es sentarme frente a su portal y mirar cuándo sale, cuándo entra… A veces va a la derecha, otras a la izquierda… tengo que sacar valor para seguirla.

 

Me acabo el vaso y salgo a la calle. Tiene que estar a punto de llegar a casa. Son tres manzanas las que nos separan. Llevo diez minutos caminando y ya veo el coche de mi ex mujer, bueno, mi coche, bueno, mi ex coche.

Y ahí esta su portal, y ahí mi banco. Me siento.

No tardó mucho en aparecer, está preciosa. Esa camiseta le hacen unas tetas increíbles… No se sí levantarme e intentar decirle algo… ayer a lo mejor le pillé con prisa, si voy hacia ella y le hablo con delicadeza, sin tocarla, quizás así…

- ¡Amanda! ¡Amanda!

Joder, es ese tío, su amiguito el rubiales. Ella se giró. Amanda. Nunca imaginé que fuera tan bonito. Amanda. Se saludaron con un abrazo. Cabrón, lo que daría yo por sentir su pecho contra el mío… ¡No cruzaron ni dos palabras que ya suben los dos a su casa! Que hijo de puta…

Me largo de aquí.

 

Son las once y cuarto y el imbécil de Julián todavía no llegó. Me da igual, yo ya llevo siete culines de ginebra, voy medio borracho. Al fin suena el timbre.

- ¿Listo para una noche loca?

Mi primer pensamiento fue “este tío es gilipollas, tenemos cuarenta años”, pero vamos a pasarlo bien, o eso espero, así que reí y salimos.

 

Estamos en el bar de siempre, yo ya me había echado varios cubatas, Julián también, los pagó él. Estoy borracho, ya no sé de qué me está hablando Julián, sólo puedo pensar en Amanda, en su nombre, en sus piernas y en sus pechos. En lo contenta que entró en su casa con ese tío. No puede ser su novio, si fuera su novio se hubieran saludad con un beso en la boca, pero no hubo beso, sólo un abrazo. Tienen que ser amigos. Sólo amigos. Pero lo que paso en su casa ya no lo sé… seguro que follaron.

Julián me acaba de tirar el trago por encima.

- ¡Op! ¡Felicidades! - balbucea Julián entre risas.

No sé si está más borracho que yo, pero desde luego una buena tajada lleva.

Voy al baño a secarme. Las paredes se mueven y el suelo está borroso. El agua del lavabo en mi cara me da una sensación extraña, como si me acabara de tirar a una piscina. En el espejo parece que las cosas no se mueven tanto. Pero al salir del baño está todo igual de abstracto. Ya no distingo a la gente. No sé dónde está Julián. Por fin lo encuentro, me hace señas, se ha sentado con dos tipos en una mesa y… espera… ¡uno de ellos es el rubio de Amanda!

Iba a decir algo pero no me salieron las palabras, le di un puñetazo directamente, voy tan bebido que sólo le volví la cara, el suyo me tumbó.

 

Es lo último que recuerdo. Ahora acabo de despertar en mi cama. Llevo la misma ropa, mi camiseta sigue oliendo a ron de Julián. Voy a llamarle para ver qué pasó. Pero después, termino la carta.

 

Posted by iña in 20:23:42
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